miércoles, 30 de septiembre de 2015

''Oh lorde, like the dead sea''

Recuerdo la esperanza de un futuro mejor. La expectativa de una luz. Un camino que seguir con los ojos cerrados.
Recuerdo muchas cosas, siempre recuerdo muchas cosas. Recuerdo las primeras hojas caer con el cambio de estación y toda la gente llenando el espacio y el tiempo... Llenándolo demasiado para mi gusto.

Y de repente veníamos del mismo lugar. Estábamos formados de un material completamente diferente, pero que parecía querer encajar sin margen de error alguno.
Eramos el planeta y su satélite, afectados por la ley de la gravitación universal las veinticuatro horas del día, sí, desde aquel día que se hizo de noche muy pronto y hacía demasiado frío.

Después de todo aquello no tengo demasiadas historias que contar, pero tengo una que vale por todas las que pudieran haber sucedido.
Corrimos tan unidos, tan convencidos. Huíamos de mil cosas, excepto de ti y de mi. Eramos nuestra pequeña excepción, el mar muerto.
Las noches se convertían en días, las horas en minutos, los cafés en el café de después del primero y las palabras en vida. Nos encontramos y el reloj empezó a funcionar.

¿Recuerdas cuando te conté sobre aquel libro? Fuimos algo así, un reloj de madera estropeada, carcomida por la humedad y el tiempo, que fue a parar en manos de quien supo hacerlo girar una vez más.
Hemos sido todos los colores, todos los olores y momentos. Hemos sido cara y cruz, hemos sido todas las caras y las cruces. Hemos vivido y desvivido (por cada uno).

Parece que fue ayer cuando empezamos a ser una casualidad y resulta que hoy no puedo creer en casualidades contigo. Parece que el tiempo no ha pasado por nosotros y, en realidad, nos ha dejado completamente ligados, nos ha dejado sellados, como la gota de agua a un cristal en un día de lluvia: nos vamos deslizando. Nos vamos deslizando sin parar.

Sí, sé con certeza que seríamos capaces de mover el mundo si uno de los dos lo necesitase. Por desgracia, seríamos hasta capaces de bajar a los infiernos. No importa, a fin de cuentas, sigue existiendo el mar muerto.