lunes, 7 de marzo de 2016

Bienvenida.

Me sorprende que vuelvas como de casualidad, como si todo este tiempo que estuviste ausente hubiese sido un suspiro inesperado y fugaz. Y me alegro, y me enfado a la vez. Porque siempre vuelves cuando hace frío aquí dentro y te vistes rápido para no volver a cruzar mi puerta hasta que haga frío otra vez. Seas bienvenida, estás muy cambiada aunque aún reconozco en tus ojos las manchas y las heridas, el tiempo ha hecho su mella en ti también.Cuéntame ese viejo cuento, el del rey y el anillo y esta vez no me asombraré. Cuéntame dónde has estado, aunque, tal vez, tu pregunta sea dónde he estado yo. La verdad, yo tampoco lo sé. ¿Te sorprende? Creí que ya me empezabas a conocer.

Te confesaré algo: te he echado de menos. Es extraño, ¿verdad? Cómo se puede extrañar algo que sabes que sólo aparece cuando uno se resquebraja un poco por dentro. Supongo que ese fue nuestro trato, o más bien ahí fue el punto crítico en el que nos conocimos. 

Siéntate por favor, siéntate y mírame a la cara, mírame como nunca lo habías hecho, esto hemos construido tú y yo. Mira mis ojos, ¿están más cansados? Mira mi pelo, mis brazos, mis pies, mis piernas, y los cinco lunares del vientre. Mírame bien por favor, aprehendeme de memoria. ¿Recuerdas la última vez que lo hiciste? No me arrepiento. Son profundas, tócalas. Pero no me arrepiento. ¿Escuchas mi respiración? Sí, mis hábitos han cambiado. Pero no me arrepiento. 
Escribe, escribe lo que ves. Cuéntale a todos lo que has visto. Diles que me duelen demasiado los pies, que las zarzas eran más altas de lo que pensaba. Diles que he sentido mucho vértigo, que me ha faltado el aire. Diles que llevo años y años ascendiendo, que mis retinas no aguantan más el sol, diles que lloré, sí, diles que dormí sobre polvo, que mis manos nunca van a poder tocar un piano. Diles que caí, que sangré, que me rompí tres costillas, que pasé las heladas, las noches y subí, sin agua, sin paz. Pero sobre todo diles que, después de todo, no culminé. No, no culminé. Porque yo sobreviví y esta es la cara de un superviviente. ¿La ves? Recuerdala bien, porque pienso volver a subir hasta que el nivel de oxígeno en sangre me vuelva a hacer delirar y, créeme, volveré a sobrevivir.

¿Y tú? Después de todo este tiempo, ¿qué vienes a contarme?