lunes, 27 de agosto de 2012

Me has llevado por corrientes de agua que van a tus redes.

Me creí tan racional. Me creí tan correcta a la hora de elegir, tan fuerte, que he dejado de respirar. Me he montado en un vagón equívoco. He pasado por mil estaciones y todas ellas han intentado retenerme en vano. Sin embargo, sigo sin un rumbo fijo, sigo perdida en corrientes del tiempo. He saboreado y probado tantas vidas ajenas, he dormido en camas que no me pertenecían, he creado y destruido sin razón más que ser quién soy. He llegado a un punto irreversible, a una adicción emocional inestable que me hace caer de bruces una y otra vez en algo que llevo negando ya demasiado tiempo.
Me he rendido ya tantas veces que no sé ni contar el tiempo que ha pasado desde la última vez que creí haberte perdido para siempre, haberme perdido.
El tiempo me pisa los talones, las esperanzas, el no saber dónde ir realmente. Necesito un paraguas, necesito respirar, necesito un corazón nuevo. O quizá, lo único que necesito es volver a escuchar el tuyo. Quizá llevo tanto tiempo perdida en mi misma sin aceptar que realmente las luces de ciudad sólo se veían así desde tus ojos. O tal vez, esté cayendo de nuevo en extrañar algo ya pasado. Quizá llegamos a nuestro final hace ya muchos días grises de tormenta. ¿Me estoy resignando a el final?

Me despierto y aún así sigo soñando. Salgo a la superficie y tú me hundes. Las imágenes, los recuerdos, las palabras, las acciones, ella, el dolor, tú, un verano no tan lejano, me hunden.
Siempre lo decías, que el tiempo lo era todo, y tarde o temprano caeríamos como estaba predestinado. ¿Lo estamos? Pienso: ''qué idiota e hipócrita eres María, darías tu alma, si creyeses en ella, por una promesa eterna de sus labios''.

Y vuelvo al eterno bucle de que siempre acabe siendo él, por suerte o por desgracia. Siempre.