Me he rendido ya tantas veces que no sé ni contar el tiempo que ha pasado desde la última vez que creí haberte perdido para siempre, haberme perdido.
El tiempo me pisa los talones, las esperanzas, el no saber dónde ir realmente. Necesito un paraguas, necesito respirar, necesito un corazón nuevo. O quizá, lo único que necesito es volver a escuchar el tuyo. Quizá llevo tanto tiempo perdida en mi misma sin aceptar que realmente las luces de ciudad sólo se veían así desde tus ojos. O tal vez, esté cayendo de nuevo en extrañar algo ya pasado. Quizá llegamos a nuestro final hace ya muchos días grises de tormenta. ¿Me estoy resignando a el final?
Me despierto y aún así sigo soñando. Salgo a la superficie y tú me hundes. Las imágenes, los recuerdos, las palabras, las acciones, ella, el dolor, tú, un verano no tan lejano, me hunden.
Siempre lo decías, que el tiempo lo era todo, y tarde o temprano caeríamos como estaba predestinado. ¿Lo estamos? Pienso: ''qué idiota e hipócrita eres María, darías tu alma, si creyeses en ella, por una promesa eterna de sus labios''.
Y vuelvo al eterno bucle de que siempre acabe siendo él, por suerte o por desgracia. Siempre.
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