Y me repito: ''no puedes permitirte el lujo de perderle''. Y todo son laberintos, misterio y ganas de quererte, más de lo que ya lo hago, que no es poco.
Se supone que nunca se debe imaginar o presuponer el final de las cosas, pues eso es determinar ya su fecha de caducidad. Y yo pretendo que nunca nos marchitemos, pretendo tenerte siempre a mi lado, arriesgarme a ser sin ti no entra en mis planes. Pero las voces no se callan y el corazón tampoco.
Cómo es posible que con tanta magia no nos hayamos ya ahogado, cómo es posible que logre volver a casa después de haber estado a tu lado, por horas, caminando, meditando bajo la lluvia, bajo el cielo gris ciudad y bajo tu mirada. Pero nada está bien después, cuando dudo lo que quiero y lo que dejo de querer, nada cuadra excepto tu en mi vida, ¿de qué forma? de la que sea, pero contigo por los pasillos. Y vienen el miedo y la duda a sembrarse, autodidactas como siempre.
Caigo otra vez, creer creo que ya no tengo remedio, no, sin ti, ninguno. Y no me importa, no me importa en absoluto. Rómpeme los esquemas, rompe mis ventanas y entra como el aire, ya han volado los manteles y no quiero que se haga tarde.
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