lunes, 16 de julio de 2012

Caleidosférico.

Te desvelas como los diferentes colores de la luz, todos ellos. Me recuerdas al invierno y a un cálido abrazo en Madrid. Me recuerdas a bicicletas en verano, estaciones de tren en Otoño. Eres insomnio de todas mis preguntas sin respuestas, respuestas que sólo tu tienes. Me cuestiono cómo es posible que haya pasado tanto tiempo y sigamos tan magnetizados. Observo el camino y siempre te encuentro, como aquella puerta que nunca cierro.

Y me repito: ''no puedes permitirte el lujo de perderle''. Y todo son laberintos, misterio y ganas de quererte, más de lo que ya lo hago, que no es poco. 
Se supone que nunca se debe imaginar o presuponer el final de las cosas, pues eso es determinar ya su fecha de caducidad. Y yo pretendo que nunca nos marchitemos, pretendo tenerte siempre a mi lado, arriesgarme a ser sin ti no entra en mis planes. Pero las voces no se callan y el corazón tampoco.
Cómo es posible que con tanta magia no nos hayamos ya ahogado, cómo es posible que logre volver a casa después de haber estado a tu lado, por horas, caminando, meditando bajo la lluvia, bajo el cielo gris ciudad y bajo tu mirada. Pero nada está bien después, cuando dudo lo que quiero y lo que dejo de querer, nada cuadra excepto tu en mi vida, ¿de qué forma? de la que sea, pero contigo por los pasillos. Y vienen el miedo y la duda a sembrarse, autodidactas como siempre.

Caigo otra vez, creer creo que ya no tengo remedio, no, sin ti, ninguno. Y no me importa, no me importa en absoluto. Rómpeme los esquemas, rompe mis ventanas y entra como el aire, ya han volado los manteles y no quiero que se haga tarde.







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