''¿A qué crees que has venido a este mundo?''. ¿A qué creo que he venido a este mundo? ¿A caso alguien podría responder a semejante cuestión? No sé, como quien gana la lotería, se despierta un Lunes o estornuda en medio de una discusión. Hay cosas que uno simplemente no entiende o carece de conocimiento para poder explicar.
Nacer. Morir. Se supone que entre ambos conceptos vivimos. Vivir. Supongo que he venido a este mundo a vivir. ¿Vivir? Vivir duele. Desde el primer momento en el que el conjunto de células forman un ser vivo, duele. Nacer duele. Respirar duele. Crecer duele. Aprender duele. Equivocarse duele. Madurar duele, ¡hasta las espinillas duelen! ¿Entonces? ¿Qué sentido tiene esto?
''La vida es un valle de lágrimas'' por San Agustín. Nacemos para morir y somos conscientes de ello, pero seguimos viviendo. Vivimos sufriendo e irónicamente, sufrimos para vivir. Y mientras tanto buscamos razones que jamás llegaremos a encontrar, los ''por qué'' que nunca tendrán una respuesta. Queremos conocernos y ni una vida basta, pero es la única que nos dan. Una oportunidad sin pronóstico alguno, que ni siquiera asegura una posible tarjeta verde.
Sin embargo, saltamos de los coches en marcha, fumamos, bebemos, nos metemos todo tipo de droga, rajamos nuestras muñecas, nos medicamos, matamos, corremos, nos precipitamos desde azoteas si es necesario. Amamos. ¿Con qué fin? Agarrarse a lo que nos ha sido concedido desde el minuto cero. Nos salvamos y nos perdemos pretendiéndolo, sólo por intentar sentirnos vivos y a veces conseguirlo. Encontramos una fuerza irracional e incomprensible dentro de cada alma (si es que en algún momento ha existido) que no sólo quiere ser, sino durar. Coexistir, sobrevivir, establecerse, estar. Respirar. Respiramos aún sabiendo que ello nos oxida.
Estamos divididos en dos partes, una de ellas extasiada por sentirse desgraciada y la otra intentando salir a flote. En nuestras manos queda la decisión de saber a qué acera nos apetece pertenecer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario