- ¿Algo de lo que partir? ¿Algo que te haga ver si estoy lo suficientemente mal de la cabeza como para quedarte o no volver a hablarme después de que nos digamos adiós hoy?
- Tampoco es eso mujer...
- Lo es, seas consciente o no, claro. Bueno, no sé, me gusta pensar que las personas somos libros. Yo soy un libro muy raro o muy corriente, yo que sé... Pero, como todos los buenos libros, o al menos los que están bien editados, supongo que tengo un prólogo, es decir, supongo que te preguntas por eso... ¿No?
- Un prólogo, sí, algo así, ¡un prólogo del gran misterio de tu vida!
- Mi vida no guarda mucho misterio, eso podría ser mi pre-prólogo. Aún así... Te diré que no sé mucho de mi, sólo lo que voy recopilando de las diferentes personas que van pasando por mi vida. Supongo que no debería adelantarte mucha información, sólo voy por el prólogo; por el olor de un bizcocho casi hecho aún dentro del horno; por la primera imagen en una película que parece ser un dramón.
Bueno, te aconsejo que no te encariñes mucho conmigo, porque voy a intentar que lo hagas y creeré que quiero encariñarme contigo, me mentiré y te mentiré, y todo parecerá tan acertado y adecuado, que parecerá una obra del destino. Me colaré dentro, me colaré tan profundo que ni siquiera te va a dar tiempo a cerrar ni un solo candado. Y lo siento de antemano, pero te introduciré en una ilusión casi peliculera. Te haré creer que hay unas cámaras y una banda sonora alternativa perfecta para todo esto. Te haré pensar que cada momento podría ser relatado en algún lado, probablemente hasta yo misma lo relate en mis cuadernos. Y esto no roza ni de cerca la prepotencia o lo ególatra. Ni mucho menos. Esto roza un cansancio; unos años en la espalda que no tengo; una mierda de trastornos que ni siquiera deberían existir.
Pero lo mejor de todo esto es que no querrás que me vaya. No querrás que pare de hacer sombras con el fuego en la cueva.
Es irónico ¿no? Me pedirás que no me vaya, intentarás ser la excepción, incluso creerás que podrías serlo, y te esforzarás por lograrlo. Y te acordarás de mi para siempre. No sé de qué forma, si como la zorra que te robó hasta el sombrero o como el alma perdida que no sabía qué cama no correspondida quería ocupar. Es divertido, porque me odiarás por hacerte daño, pero entonces, cuando todo se acabe, cuando yo me vaya, cuando las cosas vuelvan a la normalidad en tu vida y ya no sea más que un par de fotos, te compadecerás de mi. Sea lo que sea, siempre habrá igualdad. ¿A qué precio? No lo sé, pero los dos saborearemos la amargura, no importa quién vaya a ser el primero. Tablas.
- ¿Y si por una vez las cosas son diferentes?
- Si vas a golpearme, hazlo fuerte.