Ya llevo una antología de todos y cada uno de los cuentos que me cuento desde hace mucho tiempo. ¿Aparecerás tú también en ellos? Llevo masticándolo bastantes horas.
Es verdad que lo más difícil del camino es aceptar que siempre va a ser difícil. No hay maniobras suficientes para dar con la clave perfecta para abrir algunas puertas que quizá siempre han estado destinadas a ser una incógnita. Me prometo a mi misma que esta vez las cosas no son circulares, que el pasado solo persigue a las personas que no han visto el futuro. Caminando por las ruinas de la ciudad perdida reconozco las viejas piedras que un día volaron por los aires. Los tifones que yo creé y los huracanes que los iniciaron. Por supuesto, tuyos.
Me vuelvo a decir: nada ni nadie es lo mismo. Y me aprendo como un mantra que cada paso es un paso hacia adelante. Incluso cuando sientes el retroceso. Pero siempre llegan esas olas de viejas resacas. Olas que vienen y me devuelven todo lo que alguna vez se quedó en el fondo del mar. ¿Van a volver siempre? Rezo porque la respuesta siempre sea un "no". Que el tiempo haga de las suyas, como siempre dicen que hace. Y de repente, un otoño más, cae en mis pies, sobre la arena, el mismo mensaje embotellado: el que teme sufrir, sufre de temor. Proverbio chino.
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