viernes, 13 de diciembre de 2013

Recuerda diciembre

''Perdona que te moleste... Realmente ni siquiera sé si debería estar escribiéndote esto. Ríete a gusto tú que me conoces, cuántas veces me has oído hablar de la odiada era de la tecnología y qué de veces me lo reprochaste también junto con tus ''cabezota''.
Bueno, ante nada, sinceramente, me gustaría preguntarte cómo te está tratando la vida... Esta vez sí que es una pregunta de esas que dicen que ''si lo sientes, lo haces''.
Tengo que contarte algo gracioso, me acordé de ti el otro día pasando por aquella calle ¿te acuerdas? Esa en la que... Bueno, mierda, estoy dando rodeos como siempre. Joder, creo que debería ir al grano directamente y dejarme de cordialidades, que sí, que también sabes que las odio, los convencionalismos y toda esa basura de principios sociales.
En fin, a medida que vas leyendo palabra tras palabra supongo (y espero) que tu intriga habrá ido en aumento paulatinamente. Seré yo quien le de fin si es que hay algo de interés por tu parte.
Mira, no estoy bien... (es gracioso pensar que cuando leas esta última confesión de algún modo pensarás en lo paradójica que es la vida, ¿eh? seguro que hasta sientes algo de entusiasmo). Y antes de que me puedas preguntar para saber (tanto con interés falso como sincero) me gustaría pedirte que no lo hagas.
No estoy bien y punto. No estoy bien en muchos aspectos, ya que tu sabes que yo nunca he estado bien del todo en ningún momento, pero creo que eso es plato de buen gusto para el psicólogo y nada más.
Podría quedar descarado, pero si alguna vez te lo has preguntado, sí, yo también sigo pensando que hemos dejado aquel banco muy abandonado. Pero bueno, ese no es el tema (ya ves que no pierdo la costumbre de irme por las ramas; qué bien se me ha dado siempre divagar y qué poco te gustaba la mitad de las veces; tú que siempre necesitabas colarte dentro, saberlo todo). El tema es que necesito compartir ciertas cosas contigo, cosas como la libertad de sentirse uno mismo y, vuelta a la paradoja, quién mejor que tú.
No pido robarte la tarde entera, la noche o la mañana; sólo un par de horas ¿eh? como en los viejos tiempos. Y ahora, si sigues leyendo, te preguntarás que qué quiero en ese par de horas. Mi propuesta es simple: el columpio. Sé que no lo has olvidado. Así que, más como persona que como nada, te pido que me lleves, que no preguntes, que lo dejes estar y que estemos allí. Me subiré como he hecho otras veces y tendrás que columpiarme como has hecho tú otras tantas. Nada más. Ni siquiera hace falta fingir.
Sé también que no te preguntas por qué el columpio, porque cuantas veces me escuchaste gritar ''puedo comerme las nubes''.
En fin, no te tomes esto como una propuesta indecente... Más bien como un favor a una vieja promesa. Espero tu respuesta; lo comprenderé si no llega.''


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