No es demasiado tarde, quizá demasiado pronto. En una mano una botella verdosa, cristalina; en mi garganta la amargura del lúpulo, seguro que te extraña que no sea yo acabando con uno de los miles de frascos que envuelven el tinto color del vino.
Mi pelo huele a humo y a Dolce and Gabbana; no están tan lejos mis noches de incendio.
He estado deambulando por la calle, tarareando: ''frecuenté a la peor calaña de esta sociedad.''
He estado haciendo maniobras funambulistas, equilibrismos en el borde del vacío de mi pecho. Es oscuro, me gusta observarlo, es inmenso y parece absorberlo todo, siempre. Recuerdo cuántas veces he luchado en vano, cuántas veces he remado contracorriente para no ser engullida por el agujero negro. Y es gracioso pensarlo ahora, pero me he rendido a sus redes y no me disgusta. Siento como me abraza y ya no me siento débil sino más fuerte que nunca. Ahora no es doloroso, produce una especie de placer mezclado con coca-cola y mezquindad.
Me fugo entre los pliegues de sábanas. Me muevo entre sombras de calles frecuentadas. Capturo miradas de gente indeseada y la mejor parte viene cuando no siento nada. Inmortal.
Reboso en los vasos; despierto fantasmas; me resbalo entre los dedos de lo que pudo haber sido y saben que no puede ser.
Sólo puedo ver desde mi ventana la noche eterna y las incesantes luces naranjas como faros de almas perdidas. Y me miran, me miran desde fuera; miran cómo la oscuridad está dentro, tenue, mientras mis movimientos se ven acompasados por un par de acordes simples y una melodía absorta. Y bailo mientras le doy los últimos tragos, y nada me hace sentir más viva, que bailar sola.
¿Nunca os habéis preguntado cuál es el preciso instante en el que las cosas cambian para siempre? Ese momento del que nadie es consciente pero pasa, siempre pasa, y ya no vuelve a pasar más.
''- Es imposible, deja de ponerte y quitarte máscaras, sabes perfectamente que tienes tantos sentimientos como los demás, sangras, lloras cuando algo te emociona demasiado. Yo lo he visto tanto como tú eres consciente de ello. Y no sé de qué te sirve toda esta treta insensible, porque sé que sientes, hasta el hielo se derrite.
- No has acabado de entenderlo. Puedo sentir, lo hago, pero no me interesa. Es tan fácil como conocerse, entenderse, saber qué es más conveniente o no para uno mismo, y puedo asegurarte de antemano que no estoy hecha para compartir sentimientos demasiado fuertes o para implicarme con nadie. Puedo sentir tanto o más que tú o que mucha gente, pero no es bueno para mi propio equilibrio; mi estado mental o sentimental.
Bien, te pondré un ejemplo tan simple como la droga. Esa mierda es capaz de hacerte sentir que estás en la cima del mundo, extasiado; y sin embargo no te das cuenta que desde el minuto cero te está quemando por dentro y probablemente acabará en un cáncer o cualquier tipo de enfermedad cerebral o cardíaca que un buen insospechado día te llevará directa y repentinamente al hospital para no salir nunca. Verás, preferiría acabar con los pulmones como el asfalto antes que en un psiquiátrico.
Es un problema que va más allá de sentir o no; está justo en el centro; en el cómo; en el de qué forma; hasta dónde y lo devastador que puede llegar a resultar para mi.
A un alérgico a la lactosa jamás se le ocurriría dormir abrazado a una vaca, y a mi no se me ocurriría enamorarme. ¿Nos entendemos ahora?
- No vas a ser una mujer fatal para siempre ¿lo sabes?
Por algún extraño sentimiento de explosión decidí coger las deportivas, dí un portazo y salí corriendo. Corrí sin pensar, corrí porque sentía que tenía que correr. Estaba corriendo sin un por qué, pero sabiendo que necesitaba correr muy deprisa. Mi objetivo no era mantener un ritmo, no era aguantar lo suficiente o superar mis últimos tiempos. Sólo tenía que correr tan rápido como mis piernas y corazón me lo permitiesen, no importaba si a los diez minutos iba a parar por el sofoco o si aguantaría más de veinte. Así que estuve corriendo como una desesperada durante un tiempo, ni corto ni largo, necesario.
Esta mañana he recordado ese día, hace meses, en que una tarde de otoño templada crucé el marco de la puerta al borde de la colisión interna.
Ayer por la noche una compañera de viaje me habló de ''cierres''. ¿Y qué es eso de un cierre? Es un término que utilizan en Inglés, es algo así como una metáfora que se utiliza referida a situaciones o relaciones. Es decir, un ''cierre'' es como un punto y final (de los de verdad, no de los que pretendemos poner nosotros) que nos permite seguir con nuestra vida.
Parece ser que este ''cierre'' puede suceder en cualquier momento; una semana; un mes; años.
Pienso que realmente no importa cómo llegamos a aquella peculiar expresión anglosajona, que lo que importa es que llegamos y que gracias a ella, he nominalizado una parte del ''donde a veces siempre duele''.
Querida María de los diez años:
Soy la María de los dieciocho, sé que te sorprende que esté escribiéndote, pero creo que deberías prestar especial atención a mis palabras, aún sabiendo que muchas no vas a entenderlas, por eso es necesario que guardes esto, el tiempo te hará comprenderlas.
Tú que siempre has sido una fiel amante del ''no puedo'', ríete a gusto; puedes, has podido, hemos podido.
Quiero ser cautelosa para no desvelarte absolutamente nada de todo lo que vas a vivir, así que no te decepciones si no encuentras respuestas a todas las preguntas ahora mismo, las irás hallando en el camino, eso sí, agárrate fuerte, no te haces una mínima idea de lo que te espera.
Te mentiría si no te dijese que va a ser difícil, va a ser más difícil que nunca en muchos momentos, no te confíes. Eso sí, no dejes de tener fe en ti misma. Supongo que te preguntarás ''¿Fe?'', ya lo entenderás.
No te rindas nunca María, ojalá supieses lo fuerte que eres y lo fuerte que vas a ser. No te arrepientas de nada, porque en ese momento es lo que querías. No van a ser tiempos fáciles los que te esperan y menos para esa cabecita que te ha sido concedida, pero vas a conseguirlo, porque siempre lo haces y lo has hecho estando donde estás.
No te sientas cohibida, no dejes que nadie te ponga los límites, no escuches al lado del ''no voy a poder'', no pares, no pares nunca, y déjalo ir si es necesario.
Encontrarás lecciones dolorosas, pero también serán las mejores. Encontrarás personas que serán de ''ir y venir'', serás también un ''seguir y guiar''.
Hay tesoros que se esconden dentro de uno mismo, y te aseguro que yo estoy descubriendo que podemos ser un diamante en bruto.
Sé que eres demasiado realista, y eso te va a causar algún que otro problema, pero necesitarás soñadores a tu lado para poder despegar del suelo.
Ojalá pudiese decirte hasta donde vas a llegar, pero creo que eso es algo que deberías ir enhebrando tú y la luna que nos sigue acompañando en todos los viajes; sí, incluso cuando cerramos los ojos.
Te preguntarás también el por qué de escribirte ahora. Verás, te escribo ahora porque hace tiempo que yo no comprendía estas palabras que ahora puedo brindarte. Hace mucho tiempo que yo no estaba siendo feliz, y cuando hablo de tiempo, es mucho.
Aún estoy descubriendo el por qué, pero tenemos la manía de abrir muchas cosas y no cerrarlas realmente. Pero que esto no te desaliente, porque he entendido que he ''cerrado'', y no ha sido un ''cierre'' cualquiera, ha sido un doble ''cierre''. Ahora no vas a entenderlo pero, te escribo ahora, porque lo hemos conseguido una vez más. No te diré el qué, pero lo hemos hecho. Lo he hecho. Y, ahora puedo decir, es un nuevo comienzo; hoy soy más tú que yo.
Grábate esto en la cabeza: eres el héroe de tu propia historia.
''There are dreamers and there are realists in this world. You'd think the dreamers would find the dreamers and the realists would find the realists, but more often than not the opposite is true. You see, the dreamers need the realists to keep them from soaring too close to the sun. And the realists, well without the dreamers, they might not ever get off the ground.''