sábado, 18 de enero de 2014

Premium (Authentic Czech)

No es demasiado tarde, quizá demasiado pronto. En una mano una botella verdosa, cristalina; en mi garganta la amargura del lúpulo, seguro que te extraña que no sea yo acabando con uno de los miles de frascos que envuelven el tinto color del vino.
Mi pelo huele a humo y a Dolce and Gabbana; no están tan lejos mis noches de incendio.
He estado deambulando por la calle, tarareando: ''frecuenté a la peor calaña de esta sociedad.''
He estado haciendo maniobras funambulistas, equilibrismos en el borde del vacío de mi pecho. Es oscuro, me gusta observarlo, es inmenso y parece absorberlo todo, siempre. Recuerdo cuántas veces he luchado en vano, cuántas veces he remado contracorriente para no ser engullida por el agujero negro. Y es gracioso pensarlo ahora, pero me he rendido a sus redes y no me disgusta. Siento como me abraza y ya no me siento débil sino más fuerte que nunca. Ahora no es doloroso, produce una especie de placer mezclado con coca-cola y mezquindad. 
Me fugo entre los pliegues de sábanas. Me muevo entre sombras de calles frecuentadas. Capturo miradas de gente indeseada y la mejor parte viene cuando no siento nada. Inmortal.
Reboso en los vasos; despierto fantasmas; me resbalo entre los dedos de lo que pudo haber sido y saben que no puede ser.

Sólo puedo ver desde mi ventana la noche eterna y las incesantes luces naranjas como faros de almas perdidas. Y me miran, me miran desde fuera; miran cómo la oscuridad está dentro, tenue, mientras mis movimientos se ven acompasados por un par de acordes simples y una melodía absorta. Y bailo mientras le doy los últimos tragos, y nada me hace sentir más viva, que bailar sola.




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