lunes, 28 de abril de 2014

Entrada de anti-ayuda.

Llevamos toda la vida escuchando comparaciones entre hombre y máquina o más bien cerebro y máquina.
Quizá, llevado a un nivel más literario que no pretende decantarse por tal relación de forma rigurosa, no estemos tan lejos de serlo. Un mecanismo. Un enorme reloj lleno de engranajes.

Y es que a veces nos exigimos un nivel tan alto que nos olvidamos de nuestras propias capacidades. Nos olvidamos de la introspección. De tocarnos y aprehendernos por dentro. Y esto no puede ser más que un acto fatídico. Porque nos desengranamos. Descarrilamos. Y lo peor es que no somos conscientes de ello hasta que el propio mecanismo da un parón. Un freno en seco que nos deja completamente en stand by. Y las pastillas de freno se desgastan ferozmente.
Se supone que después de esto viene el estado de desolación, y con ello la perdida total de perspectiva real. Y los engranajes ya fuera de lugar siguen intentando llevar un ritmo suicida, un ritmo que ya no puede seguir adelante.

El error se comete cuando creemos que esto no se puede asumir como algo necesario. No. Lo es totalmente. Es tan necesario como el cambio de marchas. Y se comete cuando vemos que no es posible continuar con lo exigido y observamos como todo ha quedado destrozado por dentro y a simple vista ya no hay manera de solucionarlo. No nos vemos capacitados. Y si ya no podemos desandar ni andar sólo queda el estancamiento. ''Yo me quedo aquí y yo me quedo aquí''.

Aquí viene el acto de valentía. ''Yo me quedo aquí'' Pero yo me quedo a perfilar cada diente de cada rueda, a descubrir dónde iba, qué encaja con qué. Yo me quedo aquí a engrasar y colocar. Porque todo el mundo actúa, todo el mundo lleva a cabo demasiadas cosas a las que luego pretenden encontrar explicación, y al no hallarla, está en todas partes menos en uno mismo. La falta de consciencia del ''yo'', de saberse a uno mismo, ha llegado a niveles tan extremos que me parece una completa aberración humana.

Y levantas un momento la vista y sólo consigues ver gente, gente que nunca se ha dado una oportunidad a sí misma, gente que sigue corriendo con toda la maquinaria al borde del cataclismo. Gente auto-destruyéndose sin ser siquiera consciente de ello. Pero pararán. Porque a todos nos llega el momento de derrapar de rodillas contra el suelo.

Aquí están los nuevos comienzos. No en cambiar tu perfume. Ni en teñirte el pelo de un color diferente. No en empezar una serie nueva, ni un libro que dijiste que siempre leerías y nunca leíste. Los comienzos no son finalizar el instituto o acabar la licenciatura. Esos comienzos no son nada si no sabemos comenzar con nosotros mismos. Reinventarse. Reconstruirse. Pero antes que eso, conocerse y horrorizarse al hacerlo. Ese es el primer paso. Aceptarse se da con el tiempo.

Estamos jodidos pensando que todo ese mundo de ahí fuera no es real y, por desagracia, no lo es. Todo está remitiendo en sombras de lo que las cosas realmente son. Absolutamente todo ha perdido el verdadero significado, el hombre se deshumaniza con un afán imperturbable. Y si todo está jodido ahí fuera, es quizá la hora exacta para empezar a dejar de jodernos aquí dentro y si lo hacemos, seamos consecuentes y conscientes de ello. Pero basta de exigencias por encima de las posibilidades, que es en lo que parece que nos hemos ido a basar.

Parad. Miraos. Horrorizaros con vosotros mismos. Y vivid con vuestra propia mierda hasta el día en que muráis. Porque eso será ser algo en esta vida. No vuestro título universitario, ni vuestra casa a pie de playa. Ni la lista de todas las personas que os hayáis llevado a la cama en un mes.

Mirar, mirar tu propia mierda y vivir con ella siendo consciente de que existe y ya no se puede cambiar. Eso, eso es un acto de valentía.
Saber que no sois una naranja entera. Saber que estáis incompletos. Encontrar que no vais a cambiar jamás lo que sois realmente por mucho que os esforcéis en poneros la máscara que más os convence.

Y entonces, sólo entonces, os mereceréis algo de reconocimiento en esta, vuestra vida.







miércoles, 23 de abril de 2014

Invitaremos a todo el mundo en la vecindad.

''¿De qué serviría pensar que nunca sucedería? Prefiero preparar una fiesta de despedida por cada uno de aquellos días que fueron tan...''


Y lo prefiero. Prefiero preparar una fiesta de despedida, una fiesta para ti, para mí. E invitaremos a todo el mundo en la vecindad, con las postales que nos han ido sobrando Navidad tras Navidad.

Y lo prefiero, por cada uno de aquellos días... Por cada uno de aquellos días que no volverán. Que se marcharán. 
Aquellos días que parecían efervescentes; lúcidos; claros; jóvenes; inconscientes; valientes; difíciles; todas aquellas veces que me hice la fuerte por ti y en los que también me hiciste fuerte.

Días, qué relativo ¿verdad? ¿cuántos llevamos ya? ¿cuándo hemos parado el calendario? Qué insolente preguntarse por eso ahora. Pero los recuerdo, los acabo recordando todos, los agrios, los que eran un poco más difíciles, los que eran escaleras de caracol eternas.
Días... Días de plátanos y fresas con leche condensada. Días de música y de cerveza. Días de tirar la casa por la ventana, de tirarnos los platos y de fumar los primeros cigarrillos.
Días en que las noches se hacían madrugadas, días de no hablar pero sí de escribir, de abrirse en canal con anestesia conjunta. Días y noches. Consecutivamente siempre eran días y noches... De caminar por la cuerda floja mirándonos fijamente: aquí no nos caemos ninguna.

Y está todo tan difuminado por lo perecedero que no puedo evitar un deje melancólico en cada palabra. Cómo los años han ido pisándonos los talones, un poquito más, y más, y siempre más.
Hay esparcido por todo Madrid un poco de las dos. Hay esparcido por Madrid aventuras de todo tipo. Pensamientos de todo tipo. Fotos de todo tipo. Recuerdos de todo tipo. Pisadas, rincones, películas, juegos peculiares, inviernos, otoños, lágrimas y primaveras en extensión.

El último café me sabe tan lejano. Todo me sabe tan kilométrico, se me antoja tan brillante, pero tan diferente.

Esta fiesta de despedida pretende recoger todas las veces que en algún momento fuimos un diván o fuimos pájaros fuera de su jaula o incluso en ella. Cada sabor, cada imprecisión, todos los incendios de nieve y calor. Los gritos que fueron ventanas rotas, las veces que andamos por los cables y nunca nos replanteamos si nos atrevíamos a acompañarnos.

Como el vino picado, nos fuimos desgastando con el tiempo, a pesar de que se suponía que sería lo contrario. Y me alegro, y me enfado a la vez. Porque después de estudiar este caso sentencio lo nuestro diciendo que volamos muy alto, tan alto que nos perdimos. Y ahora que nos soltamos entre tanto viento creo ver alguna sombra de una amistad de camaradas. Pero como la mismísima teoría Darwiniana, nos hemos ido a evolucionar en diferentes continentes, y cabe resaltar que mientras sigas respirando a salvo, yo te saludo desde mi pliegue continental, con una suerte de sonrisa nostálgica, pero nostalgia que deja sabores dulces, a cereza, a arándanos y frutos rojos.

Nos perdimos a la deriva y ya no nos encontramos en el mismo barco, pero me despido de lo que una vez fue tu brisa, y lo hago con el corazón a trompicones. Pero de los buenos. Y me atrevo a darte la mano y un abrazo, un abrazo de ''hasta pronto'' que se convierte en ''quizá ya nos veremos''.

Y te lo pido con tanta sinceridad como puedo, sin traicionar ni un sólo pensamiento fugaz. Que ésta última fiesta no tiene música alternativa; globos; serpentinas; máscaras; gente. Ésta fiesta de despedida está decorada con palabras plasmadas. Que al fin y al cabo, tú y yo sólo estamos hechas de eso.

Así que camina, camina lejos porque sé que tienes unas piernas firmes a pesar de los moratones. Sé consecuente con todo lo que hagas, siempre, y afronta los peldaños con pies seguros. La vida te pondrá donde considere necesario que estés y tú tendrás que ponerle buena cara y asimilar los caprichos de lo incognoscible. No te canses, no te pares a buscar en los bolsillos, que a sorbos pequeños vas a ir encontrando lo que sea que tienes que encontrar. Recuerda que si hemos perdido, hemos ganado historias que contar, más que algunos tienen.

Y respira, respira tranquila, que seis años después reapareceremos hablando solas, resumiendo nuestra noria de vida en un solo café.




lunes, 21 de abril de 2014

EVERYTHING THAT KILLS ME MAKES ME FEEL ALIVE.

Derecha, izquierda, derecha, izquierda, derecha, izquierda. El eco lejano del último portazo colgaba de cada oscuro rincón de la cabeza.
Correr, correr, correr y no parar. Correr tan fuerte que nunca se llegue muy lejos, porque caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos.
Todas esas miradas se posaban amenazantes y aquella melodía se pegaba a mi piel como mi álter ego.
Los pulmones ardían y mi anatomía se sacudía suplicando el descanso, casi al borde de la catarsis, al borde de la implosión más bestial habida jamás.

Las imágenes estallaban como peta-zetas. Podía escuchar los glóbulos rojos, el oxígeno transportándose por cada vena. Inspirar, expirar.
Verde, ámbar, rojo. El ruido era ensordecedor, la gente hablaba tan alto que deseaba ahogar sus gargantas. Pero mis ojos ya no habían vuelto a ver la luz del día. Mi noche al fin era eterna. Y seguían los latigazos mentales.

''Dijiste que no ibas a volver a hacerlo'' ''Y no voy a volver a hacerlo'' ''Ya no lo sé, ya no me creo nada de lo que digas porque no soy capaz contigo, ya no sé seguirte'' ''No puedo prometerte nada futuro, ¿no te das cuenta de que todo es incierto?'' ''Y por eso hasta aquí hemos llegado tú y yo''.


Sentía una miga de plomo atrofiando mis cuerdas vocales. Mis pies marcaban el bombo, el bajo, cada acorde. Mis uñas perforaban la palma de mi mano. Los músculos se contraían vertiginosamente. No puedo mentir, no puedo mentir, no puedo mentir.


''Lo destrozas todo, ¿lo ves? Destrozas todo lo que tocas, Dios, ni siquiera Atila, ni siquiera'' ''Eso no es verdad, cállate porque eso no es verdad'' ''Mírate, ¿puedes girarte un momento y verlo? Dime, mira tu mundo y ten las narices de decirme de nuevo que estoy mintiendo''.


Y de mi garganta salían notas, salían pentagramas extraviados de un aparato fonador paralizado; sombras distorsionadas; colores difusos; negro; blanco; gris; osos; figuras ilimitadas; incertidumbre de certeza podrida. Cenizas de periódicos, de hemerotecas ardiendo.

Y el agujero de gusano tenía un final catastrófico, aquel fondo blanco psicótico me perseguía (o quizá le perseguía yo a él) y gritaba, grité hasta que el impacto abrió mis pulmones.
El sonido era sucio. Algún claxon. Tacones y bicicletas. Ir y venir. Conversaciones inútiles y banales. Y una acera. Adoquines. Grises. Sucios.

- Oye, ¿estás bien? Si no te levantas vas a matar a alguien.
- Aquí todo el mundo ya está muerto.

He vuelto.






domingo, 20 de abril de 2014

What a mess I leave to follow.

- ¿Soy sólo yo? Porque siento que todo este tiempo... Todo este tiempo he estado en una burbuja imperceptible. Nunca, nunca había pensado en la introspección. No sé qué activo el reactor que congeló el tiempo, que me hizo girarme. Girarme y observar, porque yo ya no era yo y necesitaba encontrar una causa de que yo ya no fuese lo que se suponía que estaba siendo. Y está todo atrás ¿sabes?, todo ha estado aconteciendo detrás de mi cristal. Me está pasando factura todo lo que alguna vez normalicé, todo lo que aparentemente estaba bien... No lo está nunca más.
- Porque siempre ha sido así. Todo este tiempo hemos sido el epicentro para que todos los meteoritos, para que todos los edificios que se derrumbaban a nuestro alrededor no nos rozasen. Hemos sido el núcleo de la esperanza rodeada de sombras, de fantasmas, de una inestabilidad que siempre vivió con nosotros. Llevamos bajo el agua mucho tiempo. Nunca fuimos normales, hemos estado rodeados de mentiras, mentiras que nos acariciaban, que nos acurrucaban por la noche, mentiras bellas para no estallar, para seguir cuerdos. Siempre fuimos nosotros, siempre se trató de nosotros lo más lejos posible del suelo, lo más alto que alcanzasen sus brazos torturados por la oscuridad.
- Pero se ha caído, el pasado siempre estará ahí, está en mi cabeza. Todo. No puedo evitar que marque lo que soy. Esas sombras han estado compartiendo cama desde que respiré por primera vez y ya no puedo darles la espalda porque han venido. La verdad está en ese macabro más allá. Pero no hay un más allá... Porque también soy yo. ¿Por qué nunca nos dimos cuenta antes?
- Porque lo hicieron bien, fue un crimen perfecto. Nunca llegarás a ningún juicio, nunca encontrarás papeles suficientes que presentar, la ley es la ley: el pasado es el pasado. ¿Entiendes? aléjate de todo eso, sigues aquí.
- Es amargo.
- Lo es.
- No, no me estás siguiendo. Es amargo que siempre hayamos sido tan diferentes tú y yo, porque tú sabes olvidar y yo sólo sé recordar. Siempre he vivido allí más que aquí y siempre lo has sabido, siempre has ido demasiados pasos por delante, siempre he intentado cogerte el ritmo, he corrido tanto detrás de ti que ahora sé que jamás borraremos lo que llevamos tatuado, lo que nos ha moldeado como la arcilla, la oscuridad nos ha visto crecer y yo siempre fui la débil y tú más el intocable.
No, si mi vida ha sido una sarta de mentiras, una muñeca rusa demoledora, un laberinto irreal, necesito respuestas. Yo no puedo dejarlo estar por mucho que a ti se te de tan bien olvidarte de los 'por qué' y si perdí la cabeza hace tanto tiempo, pienso rematarme.
- El arte por el arte. Dolor innecesario.
- No, no te equivoques. Mirarme y no saber en qué me he convertido y comprender que siempre he sido así es dolor. Todo este tiempo se ha tratado de eso, ¿no? de protegernos. Se ha tratado de que no eramos lo suficientemente fuertes como para afrontar la realidad que sobrepasaba lo que la mente de un crío puede soportar.
- No empieces.
- Yo estoy muy lejos de eso. Yo tengo que abrir las cicatrices que estaban por todo mi cuerpo, cicatrices que ni siquiera sabía que existían y supuraban cuando cerraba los ojos y mi inconsciente salía a visitarme. Ya estoy aquí. Ya me veo al otro lado de la boca del lobo y espero salir para contártelo. No puedes negarte al pasado. Y no podrás hacerlo nunca. Se les olvidó que ellos jamás podrían protegerme de mí misma.



In the darkness I will meet my creators and they will all agree, that I'm a suffocator.