Y lo prefiero. Prefiero preparar una fiesta de despedida, una fiesta para ti, para mí. E invitaremos a todo el mundo en la vecindad, con las postales que nos han ido sobrando Navidad tras Navidad.
Y lo prefiero, por cada uno de aquellos días... Por cada uno de aquellos días que no volverán. Que se marcharán.
Aquellos días que parecían efervescentes; lúcidos; claros; jóvenes; inconscientes; valientes; difíciles; todas aquellas veces que me hice la fuerte por ti y en los que también me hiciste fuerte.
Días, qué relativo ¿verdad? ¿cuántos llevamos ya? ¿cuándo hemos parado el calendario? Qué insolente preguntarse por eso ahora. Pero los recuerdo, los acabo recordando todos, los agrios, los que eran un poco más difíciles, los que eran escaleras de caracol eternas.
Días... Días de plátanos y fresas con leche condensada. Días de música y de cerveza. Días de tirar la casa por la ventana, de tirarnos los platos y de fumar los primeros cigarrillos.
Días en que las noches se hacían madrugadas, días de no hablar pero sí de escribir, de abrirse en canal con anestesia conjunta. Días y noches. Consecutivamente siempre eran días y noches... De caminar por la cuerda floja mirándonos fijamente: aquí no nos caemos ninguna.
Y está todo tan difuminado por lo perecedero que no puedo evitar un deje melancólico en cada palabra. Cómo los años han ido pisándonos los talones, un poquito más, y más, y siempre más.
Hay esparcido por todo Madrid un poco de las dos. Hay esparcido por Madrid aventuras de todo tipo. Pensamientos de todo tipo. Fotos de todo tipo. Recuerdos de todo tipo. Pisadas, rincones, películas, juegos peculiares, inviernos, otoños, lágrimas y primaveras en extensión.
El último café me sabe tan lejano. Todo me sabe tan kilométrico, se me antoja tan brillante, pero tan diferente.
Esta fiesta de despedida pretende recoger todas las veces que en algún momento fuimos un diván o fuimos pájaros fuera de su jaula o incluso en ella. Cada sabor, cada imprecisión, todos los incendios de nieve y calor. Los gritos que fueron ventanas rotas, las veces que andamos por los cables y nunca nos replanteamos si nos atrevíamos a acompañarnos.
Como el vino picado, nos fuimos desgastando con el tiempo, a pesar de que se suponía que sería lo contrario. Y me alegro, y me enfado a la vez. Porque después de estudiar este caso sentencio lo nuestro diciendo que volamos muy alto, tan alto que nos perdimos. Y ahora que nos soltamos entre tanto viento creo ver alguna sombra de una amistad de camaradas. Pero como la mismísima teoría Darwiniana, nos hemos ido a evolucionar en diferentes continentes, y cabe resaltar que mientras sigas respirando a salvo, yo te saludo desde mi pliegue continental, con una suerte de sonrisa nostálgica, pero nostalgia que deja sabores dulces, a cereza, a arándanos y frutos rojos.
Nos perdimos a la deriva y ya no nos encontramos en el mismo barco, pero me despido de lo que una vez fue tu brisa, y lo hago con el corazón a trompicones. Pero de los buenos. Y me atrevo a darte la mano y un abrazo, un abrazo de ''hasta pronto'' que se convierte en ''quizá ya nos veremos''.
Y te lo pido con tanta sinceridad como puedo, sin traicionar ni un sólo pensamiento fugaz. Que ésta última fiesta no tiene música alternativa; globos; serpentinas; máscaras; gente. Ésta fiesta de despedida está decorada con palabras plasmadas. Que al fin y al cabo, tú y yo sólo estamos hechas de eso.
Así que camina, camina lejos porque sé que tienes unas piernas firmes a pesar de los moratones. Sé consecuente con todo lo que hagas, siempre, y afronta los peldaños con pies seguros. La vida te pondrá donde considere necesario que estés y tú tendrás que ponerle buena cara y asimilar los caprichos de lo incognoscible. No te canses, no te pares a buscar en los bolsillos, que a sorbos pequeños vas a ir encontrando lo que sea que tienes que encontrar. Recuerda que si hemos perdido, hemos ganado historias que contar, más que algunos tienen.
Y respira, respira tranquila, que seis años después reapareceremos hablando solas, resumiendo nuestra noria de vida en un solo café.
No hay comentarios:
Publicar un comentario