martes, 9 de septiembre de 2014

Sobre los planetas.

Se enciende el motor y empezamos a tomar las primeras curvas. La inmensidad nos cubre. El inmenso azul grisáceo del cielo, los inmensos prados tan puros como verdes, la inmensidad de los árboles que parecen observar cómo nos acercamos... O nos vamos. La inmensidad de mi sensibilidad.
Bajo la ventanilla para respirar, para sentir la libertad del dejarse llevar, dejarse llevar sin más. Y mi pelo juega a bailar con la humedad del viento. Y entonces siento que estoy donde debo estar, soy lo que quiero ser, soy un día raro, soy todo lo que tengo que ser, estoy en todos lados, en todos mis lados y a la vez tan dentro; soy una, soy miles de cosas. Siento, veo y huelo miles de perfiles, de caras, de perspectivas, de paisajes, de perfumes. Millones de sensaciones que se arremolinan en mi garganta, en mi pecho. Comos si mi corazón estuviese hecho de pequeñas hojas de invierno perfectamente  colocadas y desordenadas para poder latir.
Y en ese preciso instante me convierto en vapor, y no sé diferenciar mi limitación con todo lo demás, no encuentro líneas ni bordes, ni mucho menos definiciones que catalogan y delimitan todo lo que no soy yo. Soy una extensión más de las estaciones, de los riachuelos y las tormentas veraniegas.

Pero entonces llega la autopista y la presión se hace insoportable, el aire muerde y no acaricia, y vuelvo a estar a unos milímetros de la libertad, separada por un cristal que me deja verla, pero me recuerda que es más seguro así, desde dentro. Más cómodo. Entonces, me pregunto si es así como voy a tener que sentirme siempre, a un cristal de diferencia entre mi libertad y la comodidad. Me pregunto si todos estamos a un cristal de ser todo lo que en esencia somos, todo lo que podemos ser, todo lo que queremos ser, pero no nos es posible porque no es lo correcto. No es la garantía. No es tu futuro. O eso es lo que dicen siempre, ''cierra la ventanilla, que pongo el aire acondicionado'' es quizá ''cierra la ventanilla, que tienes la vida condicionada'.








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