Sí, después de todo, uno a veces se replantea si lo que creía que no es posible puede llegar a serlo. Uno tiene que comprobarlo antes de sumergirse en la autoconvicción y la soberbia.
Se empieza por cerrar los ojos y respirar hondo. Seguidamente se ha de agudizar el oído para percibir con claridad la verdad o su verdad. Pero entonces empiezan a pasar los segundos y se impacienta. Bien, se ha de repetir de nuevo. Cerrar los ojos, respirar hondo, escuchar. Nada.
Pudiera ser que uno no esté realmente dentro, que no esté concentrado lo suficiente y por eso el experimento no acabe por llegar a realizarse. Tercera vez, piensa, tercera vez. Repetir, es sencillo, relajar todos y cada uno de los músculos, cerrar los ojos, respirar hondo, a recordar: nariz inspirar, boca expirar. Escuchar. Nada. Nada. Nada. Y los ojos empiezan a impacientarse y parecen estar en la fase REM, uno comienza a sudar y a sentir como toda la ira y frustración se abandonan a las extremidades de su cuerpo para repetir un TOC que simboliza la punta del iceberg del cataclismo. Y a uno le da por gritar palabras como ''joder'', ''mierda, venga''.
Y con la ansiedad llamando a la puerta, uno se altera y presa del pánico comienza a desabrocharse botón a botón la camisa, cada uno con más miedo que el anterior. Despacio, torpe, guiado por la insaciable curiosidad y el terror de saciarla. Y entonces se paraliza porque lo ha visto. Y es una cicatriz feísima, que parte en dos y divide el pecho. Parece profunda, pero si uno ya no tiene casi capacidad para mirarla, mucho menos para tocarla. Y uno se olvida de cómo se respiraba, de cuánto tiempo llevaba ahí de pie, uno ya no es consciente porque la cabeza está llena de minas de vapor ardiendo que en algún momento van a estallar. Y pasado un tiempo, más eterno que la espera de un tren, uno entiende y llora del disgusto, porque ya ha pasado y no puede solucionarlo. Porque no recuerda cuándo y porque no se le ha pedido permiso ni perdón. Y uno piensa qué va a hacer ahora con un reloj de madera ahí dentro y no un corazón. Y uno ya sabe la respuesta: Nada.
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