Nada de dos besos en la mejilla, porque ya sabes que odio la cordialidad. Tampoco cogeremos el transporte público, que no está la vida para darle el gusto al señor presidente. Caminaremos, pero no quiero ni un sólo silencio (cómodo o incómodo) que invite a decir cosas de las que uno luego se desentiende. Yo escogeré el sitio, pero no te creas que será más complicado que una cafetería. Nada de invitarme o de invitarte, sólo serán un par de cafés o quizá uno. No caeremos en el engaño de hablar sobre sentimientos o emociones demasiado fuertes que puedan acabar en otros temas aún peores. No se te ocurra llevarme al círculo, y mucho menos pasear. No muestres interés por el título del libro que saque al buscar mi cartera (reitero lo de pagar mi café). Ni un sólo reproche sobre el tabaco. Cuando crucemos la puerta de salida, cada uno tomará un camino, y nos despediremos con un 'gracias por la tarde, ya nos veremos'. Dejaremos un largo espacio de tiempo hasta que volvamos a renegociar el próximo encuentro (si es que hay próximo encuentro). No existirán los impulsos aparentemente ''idóneos''. Y no, no se te ocurra preguntar por mis ojeras.
Espero que no haya problema.''
No hay comentarios:
Publicar un comentario