Y la has cerrado ya, y jamás escucharás nada de lo que estoy gritando con la maldita boca cerrada, pero adelante, adelante porque eres un cobarde, un maldito cobarde y jamás la abriré, ¿entiendes? Nunca más, esta es la última vez porque detesto todo en lo que te has convertido o lo que tal vez siempre has sido. Esta es la última vez que me abandonas y que te abandono, porque no quiero volver a recordar una sola palabra que me hayas dedicado. Y esta es la última vez que te olvido, porque no pienso volver a recordarte. Y quiero reventar la maldita ventana y todos los cristales lloverán reflejando que nunca llegué a ser ni la mitad de lo que escribías, de lo que dabas. Y le repito al espejo que esta es la última vez para ti, para todo lo que un día fuimos, y ¿esto que escribo? no te creas importante con ello, porque no es más que una mera forma de curar las heridas, de reventar los vacíos, de explotar todo lo que has creado, y la dinamita son mis manos alrededor de la garganta de todo lo que un día llegamos a ser. Y la asfixio, la asfixio con todas las fuerzas que la rabia me regala, y si volvieses, no dudaría en seguir asfixiándolo hasta comprimir todo el oxígeno y destruirlo con un sólo movimiento. Te lo repito una vez más, esta es la última vez que te olvido, y ojalá pudiese.
¿Por qué no coges este barco? ponlo rumbo a casa, seguimos teniendo tiempo... Puedo cambiar las cosas de lugar, te prometo que lo voy a intentar muy fuerte y con los ojos muy cerrados. Lo cambiaré todo y volverá a ser como antes, y lo vas a ver, vas a poder ver cómo nada es lo que parecía, y volveremos a patearnos Madrid, como antes ¿recuerdas? como en los viejos tiempos en los que malgastábamos las horas escuchando la música callejera. Y nada más va a importar, porque no volverá a torcerse, no se hundirá por su propio peso, ¿por qué no puedes intentarlo tan fuerte como yo? Si viniste para quedarte, ¿por qué te vas sin siquiera luchar? ¿No vas a volver?
No vas a volver y las paredes me están comiendo, los valles se han cambiado por desiertos. Y no puedo más... No puedo respirar este aire contaminado que me intoxica, que me envejece el rostro y las ojeras que me recuerdan el ayer. ¿Y ahora? ¿Dónde consigo un mapa que me diga ''usted está aquí''? porque no tengo ni idea del ''aquí'' en el que me encuentro, y necesito ayuda.
Me tiemblan tanto las manos, y las idas y venidas, y los días son eternos, y no consigo dejar de escavar este pozo sin sentido y sin aparente final.
Estoy sola, 'sola, haga lo que haga, siempre acabo sola. No hay nada que temer salvo la propia soledad'. Y me pierdo, y me encuentro, pero aún sin saber dónde, porque alguien ha apagado todas las luces y no veo ningún símbolo direccional, alguien ha tapado la luz verde del cartel de salida, y aquí dentro el oxígeno cada vez dura menos, se oxida, se agota... Y me quedo aquí, decido tumbarme hasta que logre abrir los ojos, me acurruco con la carga a mis hombros, con las dudas, con el miedo, inseguridad, decepción, pérdida, a la deriva, y me duermo, y me despierto sin levantarme. Ha pasado tiempo, mucho tiempo, o al menos esa sensación recorre cada poro de mi piel. Y empiezo a comprender, que la vida es un eterno cambio, que no sólo existe una, existen tantas vidas como cambios experimentemos, y cada etapa empieza y acaba dejando atrás tantos aspectos como personas, incorporando otras, conservando aquellas que realmente han querido caminar junto a nosotros. Y acaricio mi rostro con la yema de mis dedos despidiendo a aquella persona que fui ayer, que en esencia se quedará siempre aquí, despidiéndome de ti, saludando desde el fondo de la escalera, apretando mis cordones, dispuesta enfrentar esos escalones, sabiendo que no fui yo quien decidió rendirse, sino seguir luchando, y esta vez lucho porque este peso muerto sobre mis hombros vaya resultando cada vez más ligero. Y lo hará, prometo que lo hará. Y las malas noches, se convertirán en buenos días, y los malos días, en buenas noches.
No hay comentarios:
Publicar un comentario