Sonríe aunque la gente parece gris. El tiempo no acompaña con la primavera en el pecho. Se siente viva después de tantos otoños.
Aquel cierra la puerta e implosiona su corazón. Al otro lado los prejuicios, cuestiones de familia que del antes pasan al después. Y ya no son sólo lágrimas de rabia, nunca más. Hoy se siente vivo. Hoy ha vuelto del mundo de las sombras, que es nuestro mundo. Tan triste como cierto.
Hoy ha empezado el contador desde cero, desde bajo cero a respirar.
Ahora puedo ver al hombre del primero, en esa terraza rectangular. La oscuridad lo está llenando todo. Puedo ver también el cigarrillo en su mano consumirse poco a poco, ¿puede verme él a mi? quizá la pregunta es si realmente puedo verle yo a él y si él puede verme realmente a mi.
Hoy, a esta misma hora, a esta justa y exacta hora se acontecen miles de sucesos. Sucesos que se escapan a mi conocimiento y consciencia. Hoy algunas personas han pasado por un domingo más o uno menos. Hoy hay muchos tipos de lágrimas en las almohadas. También hay besos en las sábanas, algunos son de los que dicen que son de verdad, de los que uno siente, otros son de traición, otros saben a nuevo y otros muchos a despedidas.
Hoy hay películas soporíferas. Hoy hay cenas descongelándose y almas también. Hoy hay personas despertándose del sueño más perpetuo. Hoy hay cuerpos que desean no despertar nunca más.
Hoy hay despedidas de tren, de autobús, de lo que quieras, pero las hay y las ha habido. También hay comienzos, hay relojes que han empezado a funcionar y otros muchos que sienten los engranajes oxidarse un poquito más. Hoy el cielo ha sido un castigo y un regalo.
Es extraño la forma en que nos preguntamos por las vidas ajenas, es extraño que todos estemos aquí, reunidos por un extraño plan que aún desconocemos, y sigan habiendo almas perdidas. Y siga habiendo soledad. Y sigan derrumbándose los edificios que nos dedicamos a construir los demás días de la semana.
Me siento muy inquieta con esta cuestión. Me siento totalmente descolocada con esta cuestión y con las expectativas que nunca vamos a conocer en persona. ¿Y si esta forma de preguntarnos, esta extraña obsesión por las vidas ajenas, por las historias que no nos pertenecen no es otra cosa que miedo a uno mismo? Miedo a volcarnos y vernos. A mirarnos a las manos y sentir el vértigo del vacío. De no dormir por no escuchar la ausencia de latidos. ¿Es esto acaso una forma de disfrazarnos? Una forma de pasar por los espejos sin alzar la vista.
Qué indecente.
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