domingo, 2 de marzo de 2014

Imposibilidad del fenómeno.

Ser un caleidoscopio cuando quieras mirarme por dentro, cuando tus pupilas quieran beberse las mías a sorbitos pequeños. Fascinarme cuando te fascine y busquemos algún mensaje enclave en los posos del café.

¿Me dejarás? Déjame contornear cada cicatriz, que te digan que si estamos aquí, es gracias a ellas. Es porque sabían que existía algo de bálsamo en mis huellas dactilares. 
Sí me dejarás, me dejarás dormirme en el suelo de tu cocina cuando sea demasiado tarde o demasiado temprano. Imitar a una femme fatale a través del cristal de una cafetería cuando llegue un poco más tarde (saber que siempre me estoy peleando con el tiempo).

Vamos a encontrarnos como quien encuentra una carta escrita por el puño de los cinco años. No tengo mucho para ofrecerte excepto un cuarto interno desbordado por complicadas y enrevesadas espirales, pero acomódate, rétate a intentar descodificar cada onda gravitacional. Te prometo que voy a intoxicarte, voy a hacerte daño sin que te importe. 

Escribirte en la espalda a bolígrafo las frases que más suelen obsesionarme. Enseñarte todo mi mapa inverso de Madrid, resguardarte en el altillo de Tribunal. Dibujarte en servilletas mis enigmas. Descorchar el champán: bailar sobre la mesa.
Hacerte café con canela. Visitar exposiciones y criticarlas como verdaderos aristócratas que pretenden entender ''el arte por el arte''. Leerte los fragmentos de las historias más inciertas cuando no puedas dormir. Discutir como se debería discutir: tirándose la vajilla  para acabar deshaciendo la cama.

Vamos a ponernos unas lentes de contacto de color rojo, de color dorado, del color que quieras, pero vamos.




''Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos''


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