A veces, me despierto por las mañanas y creo que este momento se acabará, que podré cerrar esta puerta y no volver a cruzarla, nunca más. Y que cada paso que doy hacia adelante sin echar la vista atrás, me hace alejarme de los fantasmas, sin remordimientos, sin arrepentimientos, levantándome y besando el suelo, pero avanzando.
Otras veces, quiero creer que tú no la has cerrado y que yo tampoco, quiero creer que nadie aquí va echar el pestillo, que sólo estamos a ambos lados, pero es un paréntesis, un paréntesis en una historia de esas que uno querría filmar, o sobre la que escribir algún día. Esos días son los peores porque generan una sarta de mentiras demoledoras. Dentro de todo este engaño quiero creer que a veces la gente necesita alejarse de ciertas cosas para verlas con perspectiva, o para aprender a valorar qué realmente quiere o quería. Cuando llegan estos días todo parece diferente, todo se ve desde un matiz esperanzador, pero al fin y al cabo, sé que es otra obra de mi terrible autómata. ¿Qué es si no la relatividad? Y es que este momento no puede hablar por si mismo, ni yo tampoco, ni mucho menos tú. Aún así, creo que ahora mismo puedo permitirme hablar del hueco de luz que queda cuando una puerta no se ha cerrado del todo, cuando sabes que no es el momento para que nadie la cruce (en este caso, tú y yo) pero tampoco para que alguien la cierre. Que quizá esto no es más que uno de esos procesos de conseguir algo real, que tal vez sólo estamos en espera, con esa luz roja que dice ''ahora no''. Odio recurrir a los típicos tópicos, pero tal vez al final todo se resuma al no saber lo que tienes hasta que lo pierdes (o lo que quieres, o cómo lo quieres, o cuánto).
Pero, por suerte o por desgracia, también existen los momentos después de estos últimos, esos en los que creo que todo esto no es más que un modo de coger fuerzas para ser yo quien cierre la puerta o ver que has sido tú quien la ha cerrado. Y tal vez nunca fuimos todo lo que creíamos ser, y esto no es más que una anécdota, algo de lo que aprender, y estamos tan acabados como lejanos. Tal vez es hora de dejar de tirar de la cuerda, de cerrar este libro lleno de historias escritas por tus sueños y mis pesadillas. Y tal vez tu nunca querrás cruzar la puerta, ni yo tampoco, y la cerraremos, con un poco de mi fuerza, y un poco de tu decisión. Y creo que debería borrar de los cristales todas las mañanas en que me desperté creyendo que podíamos estar en el mismo camino, pero en diferentes momentos. Y es hora de hacer las maletas para no volver, y sonreír a todos los mordiscos de nariz, y habrá paz, habrá paz para siempre. Pero sin ti.
Recuerdo todas las veces que me he preguntado ''¿cómo se supera algo?'' y ahora me respondo a mi misma, ''aceptándolo, aceptando que hay cosas que sólo se van a quedar en buenos recuerdos''.
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