jueves, 22 de noviembre de 2012

Bang, bang

Resbalaba mis pies descalzos por aquellas baldosas, casi de puntillas, casi sin tocarlo, casi sin respiración. Escuchaba cómo contaba desde su habitación, de cero a cien, solía decir, pero yo sabía que a partir del cincuenta devoraba cada oscuro recoveco con la mirada, ansioso por atrapar la mía, escondida en algún recóndito lugar de aquel piso. Una gama de negros y grises se cernía sobre nuestra piel. Amaba esconderme en su bañera, no era la única que elevaba cada poro de mi piel.
Se colaban por mis pulmones el ir y venir de los números, la angustia y el morbo de aquel pequeño juego que se había convertido en un ritual. El vapor de mi cuerpo pegado al mármol grisáceo, casi imperceptible, la respiración entrecortada y una sonrisa picajosa esperando ser devorada minutos después.
Entonces comenzaban los pasos firmes por el pasillo, el temblor que provocaba en mis piernas como consecuencia. Casi aterrador, con única arma aquella sonrisa que me dejaba sin aliento. Capaz de hacer heridas más profundas que una sutil hoja afilada. Podía oír hasta su respiración agitada, tan impaciente como la mía. Y se deslizaba lentamente, como si escuchase mis gritos envasados al vacío, mis pulsaciones aumentaban de forma directamente proporcional a la cercanía de sus huellas. Y justo en el  preciso momento en el que corría lentamente aquella cortina que desvelaba el misterio, todos los colores se fundían en uno, nos retábamos ansiosos con la mirada, aquella mirada, tan enigmática y a la vez descifrable que me atrapaba entre su cuerpo y la pared de aquel baño en a penas segundos. Ahí comenzaba el marcador, empezaba el verdadero juego, en el instante justo en el que los últimos rayos de sol perforaban las persianas y dibujaban los colores del caleidoscopio sobre su tostada y aterciopelada piel, a la misma velocidad que yo la recorría con la yema de mis dedos. A la misma velocidad en la que esos últimos rayos de sol mezclaban nuestra piel desnuda con aquel lúgubre cuarto.


lunes, 12 de noviembre de 2012

Hiding, like everynight.


Hoy no te traigo nada esperanzador Alberto. Hoy no te traigo un alentador ''todo va a ir bien''.
Cierro los ojos, y tras el telón que desciende lentamente, veo las imágenes de mis converse bajas negras totalmente destrozadas, por esas noches reversibles en las que corría tras tu sombra o junto a ella, subiendo con energía aquellas escaleras. Recuerdo las primeras palabras, recuerdo quedarme sin ellas. Sin conciencia, sin consciencia, sin respiración. Recuerdo que desde entonces, no volví a respirar realmente. Recuerdo golpear, golpearme, recuerdo todas las preguntas, no entender que era demasiado tarde y que ya no había respuestas para ti, para mi tampoco. Recuerdo cerrar la llave del agua fría, alternando con la llave de agua caliente, pensando que al menos, podría sentir algo físico. Y tras observar demasiados sucesos demasiado fuertes emocionalmente y personales como para exponerlos aquí, recuerdo dónde dejé exactamente mi alma. Si es que en algún momento la tuve.
Ya han pasado muchas hojas en mi calendario y en mi ventana, pero tú sigues apareciendo en mi mundo onírico, como si nunca hubiese pasado nada, siempre repites ''estoy bien, he estado bien todo este tiempo'' y entonces deseo no despertarme nunca más, pero tu nunca me diste un sólo capricho, y este no iba a ser menos, ¿eh?
Hoy me está pesando el tiempo que perdimos, me están pesando los recuerdos, los ''ya nunca más'', me pesa la vida Alberto, me pesa muchísimo. Te busco dando palos de ciego y ni siquiera puedo sentir tus latidos, aún sabiendo que ya sólo existen en el eco de aquella noche estrellada de verano. He intentado, desquiciadamente, buscarte hasta en los lugares más remotos. He gritado hasta perder mi propio equilibrio, hasta desfallecer. He creído hasta sentir tu respiración en mi nuca.
Hoy me está pesando el tiempo que perdimos y que no vamos a recuperar nunca más. No estás hoy, no volverás a estar. Ya no hay dónde encontrarte, ya no hay más latidos bajo la vía láctea. Ya no hay más veranos, ya no nos quedan más conversaciones, no nos quedan más miradas risueñas ni tampoco me queda más amor disfrazado de odio. Ya no hay más rescates agarrada de tu mano, como si por un momento, fuésemos invencibles. Ya no hay más constelaciones que descubrir.
Hoy no serás tú quien cumpla los diecinueve, no serás tú quien prometa odiarme eternamente ni mucho menos quien, en el fondo, confiese que lo hace incondicionalmente. Hoy beso el suelo de ganas de besarte a ti. ''Feliz'' no cumpleaños, Alberto, agrio como aquel veintiocho.


 ''No matter who you are, no matter where you go in life, you will need somebody to stand by you''

lunes, 5 de noviembre de 2012

Yo intentaba en vano imitar el parloteo, frívolo y engañoso.

''No sé por qué me gustan tanto los espejos y los espejismos.
Sé que a los diez años me apasionaban los trucos de magia.
La magia a domicilio con sus instrumentos: el sombrero de doble fondo, la varita con la estrella, el juego de cartas que entre los dedos se metamorfosea en cabeza de cerdo. Sí, sí. 
Todo eso te llegaba en una gran caja de los almacenes. 
Peto, calle de la caravana, cerca del Circo Cíniselli, en San Petersburgo.
Dentro venía un manual de magia que enseñaba cómo hacer desaparecer o cambiar una moneda entre los dedos.
Yo intentaba hacer esos trucos delante de un espejo,
tal como aconsejaba el manual: "Ponte delante de un espejo".
Y mi carita, pálida y seria, reflejada en el espejo, me aburría... Me ponía un antifaz negro que me daba mejor cara; pero nunca llegaba a igualar al famoso mago Mister Merlín,
a quien solían invitar a las fiestas infantiles y de quien yo intentaba en vano imitar el parloteo, frívolo y engañoso, que mi
manual quería que yo recitara para eclipsar mis juegos de manos. Parloteo frívolo y engañoso: he aquí una definición engañosa y frívola de mis obras literarias...
Pero esos estudios de escamoteo no duraron mucho.
"Trágico" es un término muy fuerte, pero hay algo trágico en el incidente que me hizo abandonar esa pasión, relegar la caja al cuarto trastero con los juguetes difuntos y los títeres rotos.
Una tarde de Pascua, en la última fiesta infantil del año,
no pude evitar mirar por la ranura de una puerta para ver cómo iban los preparativos que hacía el señor Merlín para su número de salón.
Le vi que entreabría un secreter para meter tranquilamente, abiertamente, una flor de papel. Y la familiaridad de aquel
gesto era innoble comparada con el hechizo de su arte.
Yo entendía de ello, sabía qué ocultaba el frac ajado de un mago, y qué pueden hacer los magos.
Ese vínculo profesional, vínculo de mala fe, me llevó a revelar a
una primita mía, Mara Jevuska, en qué escondrijo hallaría la rosa que Merlín escamotearía en uno de sus trucos.
En el momento crítico, la pequeña traidora, blanca y de pelo negro, señaló con el dedo el secreter, gritando: "¡Mi primo ha visto dónde la ha metido!" Yo era muy joven, pero ya distinguía o creí distinguir la expresión atroz que contrajo las facciones del pobre mago. Cuento este incidente para satisfacer a mis críticos perspicaces que declaran que en mis novelas el espejo y el drama
andan muy lejos. Porque debo añadir: cuando abrieron el cajón que los niños señalaban entre burlas... la flor no estaba.''



viernes, 26 de octubre de 2012

The white parts of my eyeballs illuminate.

Siempre lleva la boina un poco torcida y unos bucles deshechos informales. Camina firme, ausente, enreda sus dedos en los cables de su reproductor, los cuales, por algún casual, son del mismo color que sus uñas. Mirada enigmática mezclada con un burdeos bastante inestable. Camina mientras se observa los pies y piensa que hace unos años, se veían más inseguros. Sus manos pálidas siempre resguardadas en los bolsillos, como si fuesen nieve virgen. Efecto Summer.
Cuántas personas han querido descifrar cuántos lunares cubren su piel, y aún ella se sigue preguntando la cifra.
Tiene manías irracionales, como dibujar de forma obsesiva la noche eterna, leer siempre la última frase de cada libro o el café.
Es una soñadora, enamorada de Bécquer. Aún así, vive en un perpetuo invierno.
Sé que no le gusta hablar de ello, pero antes de vencer al insomnio que tanto cariño le ha cogido  y parece no querer dejarla sola nunca, suele cerrar los ojos muy fuerte y piensa que tal vez alguna noche no le coma el vacío que nadie ha sabido llenar después de él. Respira muy hondo e intenta que sus ideas suenen más fuerte que los latidos de su propio corazón. Los detesta. Les tiene un terror inverosímil, pero la razón sólo ella la guarda bajo llave. Suele repetirse: ''jamás dejaré que nadie me encierre en una jaula, nadie pertenece a nadie'', y en el fondo, sigue esperando que alguien roce sus pies congelados por debajo de las sábanas alguna noche. Que alguien intente un ''Glass in the park''al oído, no quiere despertarse sola  nunca más.



lunes, 15 de octubre de 2012

Tercero, justo a la izquierda.

¿Has visto la luna? Se ha quedado escuálida desde hace seis meses. ¿Has visto mis manos? Me pesan.
He estado deambulando sola desenfocando las luces de ciudad y esos monstruos que ya no vas a matar por mi devoran mi estado anímico todas las noches, después de las doce. He estado palpando a tientas las rachas de suerte, pero siempre se tornan complicadas, ásperas. ¿Sabes? me cuesta horrores admitirlo, pero tenías razón y siempre la tuviste. Soy una cabezota, una testaruda, una irracional, intolerante, y a veces debería golpearme cien veces seguidas contra la pared. Pero lo peor de todo es que te he llevado de cabeza por culpa de mis propios quebraderos.

Aún cuando Morfeo llama con tres golpes a la puerta, siento tus manos tibias recorriendo mi rostro, aún siento como respirabas en mi nuca y también el frío de las baldosas que quebraban mis pies desnudos en pleno Diciembre. Se hace la oscuridad en mi inconsciente mientras buscaba tus manos en aquella despensa donde guardabas el pan y alguna que otra sonrisa nerviosa. Mis mejillas prendidas en fuego en noches de incendio. Las mismas castigadas por el frío nocturno corriendo calle abajo por la falta de tiempo y un par de preocupadas reprimendas al otro lado de la puerta sin saber que he estado haciendo algo más que el amor.

Eso éramos. El punto exacto en que la estela de dos aviones se cruzan de manera aparentemente casual. El mundo paralelo en el que la gente vive en los tejados y no en la tierra. Un faro y quien da luz a éste. La respiración entre cortada tras el sprint final en una carretera abandonada cubierta por una oscuridad inescrutable. Un accidental enfrentamiento en medio de un maizal gritando ''bésala''. Eso éramos.

Y, ahora, mordiéndome el alma para no dejarme ir por las palabras, expongo el grave problema: Eso éramos. Eso somos. Eso seremos.
Por suerte o por desgracia, nada, ni siquiera yo misma, ni siquiera tu mismo, nadie, puede cambiarlo. Estamos destinados tú y yo. Estamos condenados tú y yo.












lunes, 24 de septiembre de 2012

Me perdí en mi universo ¿Y tú?

Huyamos hoy, antes de las diez. Si huimos hoy no enloqueceré

Se fragmentan las imágenes, se suceden en blanco y negro, parece la película que nunca creíste poder ver. Tu propia tragicomedia, es irónico. ¿No lo es?.

Empieza la banda sonora, comienza con mil novecientos noventa y nueve. Te agarras a todo lo que te hizo mirar a la muerte a los ojos y sacar número impar. Te lo crees tanto como te creíste ser feliz así.
Se preceden los días. Te has perdido, has perdido hasta la cuenta. La medida de tiempo está sobre valorada.

Vuelves a la oscuridad insondable. Tu pálida piel ya no es transparente y de porcelana como solía serlo. Tus lunares ya no adornan más que un cuerpo metafóricamente desnudo. El perfume de tus noches reversibles no es más que polvo, polvo entre un par de películas a medio ver. Y entre el ir a venir onírico, casi insoportable, comienzas a reclamar la ausencia, palpas la angustia de tus propias pulsaciones sin la voz que te cerciora: no se pararán. Ya ha pasado tanto tiempo como personas por tus labios. Intentas saciar un vacío casi vicioso, en su imaginación estás esperando tumbada en su cama con tus brazos entre tus medias. En medio de los treinta grados solo se siente el bajocero erosionando lo que pareció ser un reloj ajustado meses atrás.

¿Esa es tu nueva vida, no? Entrar, romper, descolocar e irse. Pero ¿a caso tu la has elegido? Bien sabes que ella te eligió a ti hace ya muchos inviernos a flor de piel. Es entonces, y sólo entonces cuando escrutas con parsimonia tus facciones. Al principio te horrorizas, serías capaz hasta de odiarte si es que no lo hacías ya antes. Susurras: ''hasta aquí llegó el ritual de enfados y canibalismo estúpido''. Dejas de creerte por milésimas de segundo lo que ves frente al espejo. Una curva casi vertical y picajosa rompe el rostro pálido. El extremo de la malicia ha tocado fondo. Si existía algo de ti en aquel cuerpo vestido de hielo, acababa de coger las maletas. Creo que sus últimas palabras fueron: no te fíes de un animal herido.

¿A caso Platón logró realmente salir de la cueva? Aquí no hay sitio más que para el grito y la ficción.












lunes, 27 de agosto de 2012

Me has llevado por corrientes de agua que van a tus redes.

Me creí tan racional. Me creí tan correcta a la hora de elegir, tan fuerte, que he dejado de respirar. Me he montado en un vagón equívoco. He pasado por mil estaciones y todas ellas han intentado retenerme en vano. Sin embargo, sigo sin un rumbo fijo, sigo perdida en corrientes del tiempo. He saboreado y probado tantas vidas ajenas, he dormido en camas que no me pertenecían, he creado y destruido sin razón más que ser quién soy. He llegado a un punto irreversible, a una adicción emocional inestable que me hace caer de bruces una y otra vez en algo que llevo negando ya demasiado tiempo.
Me he rendido ya tantas veces que no sé ni contar el tiempo que ha pasado desde la última vez que creí haberte perdido para siempre, haberme perdido.
El tiempo me pisa los talones, las esperanzas, el no saber dónde ir realmente. Necesito un paraguas, necesito respirar, necesito un corazón nuevo. O quizá, lo único que necesito es volver a escuchar el tuyo. Quizá llevo tanto tiempo perdida en mi misma sin aceptar que realmente las luces de ciudad sólo se veían así desde tus ojos. O tal vez, esté cayendo de nuevo en extrañar algo ya pasado. Quizá llegamos a nuestro final hace ya muchos días grises de tormenta. ¿Me estoy resignando a el final?

Me despierto y aún así sigo soñando. Salgo a la superficie y tú me hundes. Las imágenes, los recuerdos, las palabras, las acciones, ella, el dolor, tú, un verano no tan lejano, me hunden.
Siempre lo decías, que el tiempo lo era todo, y tarde o temprano caeríamos como estaba predestinado. ¿Lo estamos? Pienso: ''qué idiota e hipócrita eres María, darías tu alma, si creyeses en ella, por una promesa eterna de sus labios''.

Y vuelvo al eterno bucle de que siempre acabe siendo él, por suerte o por desgracia. Siempre.




lunes, 16 de julio de 2012

Caleidosférico.

Te desvelas como los diferentes colores de la luz, todos ellos. Me recuerdas al invierno y a un cálido abrazo en Madrid. Me recuerdas a bicicletas en verano, estaciones de tren en Otoño. Eres insomnio de todas mis preguntas sin respuestas, respuestas que sólo tu tienes. Me cuestiono cómo es posible que haya pasado tanto tiempo y sigamos tan magnetizados. Observo el camino y siempre te encuentro, como aquella puerta que nunca cierro.

Y me repito: ''no puedes permitirte el lujo de perderle''. Y todo son laberintos, misterio y ganas de quererte, más de lo que ya lo hago, que no es poco. 
Se supone que nunca se debe imaginar o presuponer el final de las cosas, pues eso es determinar ya su fecha de caducidad. Y yo pretendo que nunca nos marchitemos, pretendo tenerte siempre a mi lado, arriesgarme a ser sin ti no entra en mis planes. Pero las voces no se callan y el corazón tampoco.
Cómo es posible que con tanta magia no nos hayamos ya ahogado, cómo es posible que logre volver a casa después de haber estado a tu lado, por horas, caminando, meditando bajo la lluvia, bajo el cielo gris ciudad y bajo tu mirada. Pero nada está bien después, cuando dudo lo que quiero y lo que dejo de querer, nada cuadra excepto tu en mi vida, ¿de qué forma? de la que sea, pero contigo por los pasillos. Y vienen el miedo y la duda a sembrarse, autodidactas como siempre.

Caigo otra vez, creer creo que ya no tengo remedio, no, sin ti, ninguno. Y no me importa, no me importa en absoluto. Rómpeme los esquemas, rompe mis ventanas y entra como el aire, ya han volado los manteles y no quiero que se haga tarde.







lunes, 14 de mayo de 2012

Back to black.

Me psicoanalizo, me pierdo para no volver a encontrarme. No siento. No siento. Me pregunto ¿es bueno en absoluto? No siento.
Mi impulsividad, mi ''rareza'' e inconformismo me mantienen en los márgenes del libro con la historia que jamás viviré.
¿A qué juego? A intentar sentir algo. Aparezco, descoloco, ilusiono y destrozo.
Quizá me esté volviendo cobarde, insegura. Quizá solamente vuelvo atrás, retrocedo, me convierto en el fantasma del pasado, el que tanto temí y creí dejar atrás. Quizá solamente mi grado de bipolaridad me achaca más a menudo y con fuerzas poco comunes.
La gente insiste en afirmar que con el paso de la vida y el tiempo, vamos entendiendo quién somos realmente, pero, yo discrepo, ¿qué hay de todas las personas que nunca llegaron a conocerse? Amargo y característico escepticismo.

Amarga mezcla de Cobain, Vicious y Monroe.


sábado, 14 de abril de 2012

Step infront of a runaway train just to feel alive again.

Cada día que despierto es domingo. No hay nada metafísico que sentir, no hay nada físico a lo que agarrarse. No me quiero ir, no me quiero quedar, entonces ¿no hay nada más que decir? Te ríes, no, no hay nada más que decir.
Me pesa la indiferencia y el desprecio del pasar del tiempo, los segundos, cada inspiración y expiración, los párpados, me pesan.
Y el camino se repite. Ya he visto estas estaciones: los letreros siempre en blanco.
Huir sin saber de quién o qué. Rendirse al tacto de alguien más.



sábado, 3 de marzo de 2012

Cuando aprendí braille para leer tus cicatrices.

''Aprendí también a desafiar todas las leyes de la física. Me hice funambulista de lunes a domingo. Así averigüé que hay más distancia entre tu primer y último beso que cualquier antípoda, que volar es cosa de pájaros y mujeres, que tengo una rama por brazo izquierdo donde dejo que se posen el amor y las letras, que el viento es el único que sabe de lo que habla. Que, para bien o para mal, escribo como beso o no escribo. Que existe tanta poesía como metros cúbicos de aire puedas abrazar''.


Raquel Bullón Acebes (Madrid, 1983)



domingo, 19 de febrero de 2012

Tal vez te conseguiste equilibrar, yo aún no.


Te mereces alguien que pueda ser bueno todo el tiempo. Porque a veces le puede el demonio al genio, por mis cambios de humor, que tan siquiera yo los entiendo.
Tal vez me enreveso, más de lo necesario, sé que ni siquiera yo me comprendo, que puedo decir blanco para luego hacer negro, pero que de todos ellos, me quedo con el gris. Lo siento si camino al revés, si bebo demás o te extraño de menos.
Nunca he entendido el punto medio, nunca soy lo que buscan ni lo que yo quiero.
No espero un lugar exacto, un lugar fijo, no quiero pertenecer, no puedo enterrar mis pies. Se puede vivir de la melancolía, se puede vivir de la nostalgia, se puede vivir escribiendo, de los pensamientos, del café y un ático en París. Se puede aprender a no extrañar, se puede morir de soledad, incomprensión, tristeza. Se puede vivir más de noche que de día. Sí, yo quiero vivir en una ciudad que nunca despierte.

No puedo seguir rompiendo ventanas, colándome como el aire.




domingo, 15 de enero de 2012

Y respirar tan fuerte que se rompa el aire.

Dieciséis treinta: Sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. Saint-Exupery.
I, II, III... Volaban las páginas proporcionalmente directas a la ida y venida de las estaciones que permanecían como un vago recuerdo efímero que quedaría atrapado en mi mente por cuestión de tiempo limitado.
Llamadas perdidas registradas: 66445629. ''Siempre llegando tarde''.
Caminé con paso ligero por el andén, uno de los más peculiares de la ciudad de Madrid por temas de los que uno prefiere no hablar. Pero eso ya quedaba demasiado lejos en mi conciencia, buscaba impaciente tu silueta por alguna parte de aquella estación.
Cálida bienvenida, filosofía, política, literatura, waterpolo, anécdotas y pis de pájaro en mi mano. Las manecillas del tiempo volaban, pero nuestras mentes iban cien pasos por delante de nuestros pies. Metrópolis, futuro, y las luces de ciudad. Siempre acompañadas de aquella sonrisa picajosa, comentarios de desprecio junto con miradas de cariño.
Viejas memorias, palabras insondables, Starbucks.
Disimulaba demasiadas sonrisas que ni siquiera notabas ante tus ideas desordenadas. Toda aquella gente que camuflaba nuestra presencia no era capaz de imaginar que escondíamos una gran historia, quizá, ni siquiera nosotros mismos eramos conscientes de cómo habíamos llegado hasta aquel punto. Se que no lo veías, pero la evidencia era clara: te había echado de menos.
Y allí nos encontrábamos de nuevo, surcando pasillos llenos de arte, en los cuales el siempre tenía demasiado que enseñarme. Beatles, Beach boys, The Smiths, Franz Ferdinand, Rolling stones, Los planetas, Love of Lesbian, y demasiado que aprender de un Indiegnado.

A veces cierro los ojos sin que te des cuenta y puedo volver al principio, donde los dedos de los pies eran de las cosas más absurdas que existían. A veces mezclas felicidad con melancolía, haces de la nostalgia un sentimiento más claro que oscuro, haces que Madrid parezca otra ciudad.
A veces la música callejera a tu lado abre más de lo que cerraron demasiadas canciones en mi reproductor. Después de todo, estabas ahí, como si el tiempo no pasase, como si fuese posible que nunca anunciasen en mi estación la palabra 'dolor'.










jueves, 12 de enero de 2012

El verdadero color de la Vía Láctea.

Aún puedo percibir el traqueteo de los radios de aquella desgastada bicicleta. Recuerdo aquel sol color luz que desprendía de ti un inconfundible perfume mezclado con el ir y venir de tus pupilas. Agosto, Junio, Julio, no importaba, hacía calor y te tenía.
Siento aquel olor fresco que se colaba entre la brisa, recuerdo tu sonrisa a contraluz. Tus ojos azabaches que siempre parecían serenos, firmes, divertidos, negros, al fin y al cabo, tuyos.
Siempre tenías algo que enseñar, no importaba qué o cómo, de algún modo nunca cerraba los ojos sin saber algo nuevo que no hubiese rozado un poco el corazón que latía de forma desenfrenada cuando decidías respirar cerca de mis sueños.
Escondiste la racionalidad que me quedaba, como si no fuese lo suficientemente desastrosa y patética con ella, te la llevaste y me invitaste a observar un mundo paralelo al nuestro en tu pecho. Cada latido que quedaba impregnado en mi memoria me asustaba, me inquietaba, ni siquiera me gustaba escucharlo, por el mero suspense de si en algún momento decidiría querer pararse, quedarse en el eco de la eternidad para siempre. Pero ninguna inquietud tenía algo que hacer ante ti, tu siempre tenías demasiadas curiosidades, siempre había alguna estrella que no habías visto antes, siempre me pedías que te contase el por qué de la Vía Láctea, siempre había algo extraño ahí arriba que necesitabas saber, tenías más preguntas de las que tu mismo sabías responder o comprender.
El firmamento era una clara comparación con tu mente, a pesar de tener claro que no había nada más allá de tus dedos, de tu cerebro finito, de tu música y tus letras.
Si en ese justo instante hubiese podido saber quién y qué somos ahora, juro que habría agarrado tu ritmo cardiaco, juro que te habría pedido que te quedases siempre, que lo prometieses, que no me hicieses descansar al lado de tu corazón si algún día iba a dejar de funcionar. Fuiste muy egoísta, sabías muy bien que odiaba aquel tic-tac de los segundos que marcaban tu vida, lo que era o lo que queda de ella, y aún así me hiciste comprender que la vida misma no es más que un engaño sensible.
A veces, me gusta cerrar los ojos e imaginar que sigues ahí, juzgando cuan ingenua he sido siempre, pero, ¿sabes? dejé de serlo, dejé atrás mucho más de lo que algún día llegaste a conocer, y todas las palabras que en algún momento llegaron a significar demasiado para mí, huyeron, cobardes, reacias, adversas, tú te fuiste, yo descubrí el verdadero color de la Vía Láctea.



Para Alberto.