viernes, 7 de noviembre de 2014

All monsters are human.

Sí, después de todo, uno a veces se replantea si lo que creía que no es posible puede llegar a serlo. Uno tiene que comprobarlo antes de sumergirse en la autoconvicción y la soberbia.
Se empieza por cerrar los ojos y respirar hondo. Seguidamente se ha de agudizar el oído para percibir con claridad la verdad o su verdad. Pero entonces empiezan a pasar los segundos y se impacienta. Bien, se ha de repetir de nuevo. Cerrar los ojos, respirar hondo, escuchar. Nada.
Pudiera ser que uno no esté realmente dentro, que no esté concentrado lo suficiente y por eso el experimento no acabe por llegar a realizarse. Tercera vez, piensa, tercera vez. Repetir, es sencillo, relajar todos y cada uno de los músculos, cerrar los ojos, respirar hondo, a recordar: nariz inspirar, boca expirar. Escuchar. Nada. Nada. Nada. Y los ojos empiezan a impacientarse y parecen estar en la fase REM, uno comienza a sudar y a sentir como toda la ira y frustración se abandonan a las extremidades de su cuerpo para repetir un TOC que simboliza la punta del iceberg del cataclismo. Y a uno le da por gritar palabras como ''joder'', ''mierda, venga''.
Y con la ansiedad llamando a la puerta, uno se altera y presa del pánico comienza a desabrocharse botón a botón la camisa, cada uno con más miedo que el anterior. Despacio, torpe, guiado por la insaciable curiosidad y el terror de saciarla. Y entonces se paraliza porque lo ha visto. Y es una cicatriz feísima, que parte en dos y divide el pecho. Parece profunda, pero si uno ya no tiene casi capacidad para mirarla, mucho menos para tocarla. Y uno se olvida de cómo se respiraba, de cuánto tiempo llevaba ahí de pie, uno ya no es consciente porque la cabeza está llena de minas de vapor ardiendo que en algún momento van a estallar. Y pasado un tiempo, más eterno que la espera de un tren, uno entiende y llora del disgusto, porque ya ha pasado y no puede solucionarlo. Porque no recuerda cuándo y porque no se le ha pedido permiso ni perdón. Y uno piensa qué va a hacer ahora con un reloj de madera ahí dentro y no un corazón. Y uno ya sabe la respuesta: Nada.

domingo, 2 de noviembre de 2014

El Cristo en la pared se encogió de hombros.

No es como si supiera que aunque cierre muy fuerte los ojos cuando me toque meter la mano en la cesta, sabré perfectamente cuál será el nombre escrito en la papeleta. Es más bien saber que añadamos todas las que podamos añadir, agitemos todo lo que podamos agitar, siempre acabará por salir el mismo, sea cual sea. Sin margen de error.

El mundo ha estado girando de forma diferente últimamente, desde hace ya demasiado tiempo y no se me ha avisado de nada, no se me ha tenido al tanto de ninguno de los cambios que no he percibido, y todos sabemos que eso no puede ser otra cosa que estar abocado a la caída, antes o después, ellos ya saben que voy a caer, pero no han decidido agarrarme de las mangas del jersey.

Si todos podemos encontrar un lugar seguro, si está dentro de nosotros, si existe una tierra prometida en la que las cosas dejen respirar, si hay un atisbo de esperanza en el rincón de cualquier cuerpo, ¿dónde se supone que estoy yo? Como siempre, en ningún lado y en todos los que podría haber estado.
''Caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos''. Entonces si estoy llegando lejos ¿cuánto de lejos tengo que seguir? Si por cada tramo que he avanzado estoy donde he empezado. Ya no son círculos porque mi mente es incapaz de reconocer algo de lo que se supone que veo, pero no veo nada, nada excepto mis pies parados en medio de un camino árido y seco por el sol en mitad de cualquier lado. Y odio el polvo, y más aún la sensación de desorientación, de tener un mapa entre las manos que no logro comprender aunque le de la vuelta más de seis o siete veces.
No consigo recordar en qué momento sólo había un campo de trigo infinito a mis espaldas y nada más. Intento recordar cuál fue el preciso instante en el que dejé de ver faros, luces, coordenadas, y cuándo el musgo empezó a rodear toda la corteza.

Y antes de poder apagar por completo el sonido sucio en mi cabeza, se hizo de noche, y lo que acababa de ser tierra pasaba a ser una sábana marina inmensa, reconocía las facciones en aquellos botes de madera que no parecían verme, y entre la flota comprendí que seguían millones de luces que colisionaban, que se entrecruzaban pero tenían un destino distinto, focos que procedían de millones de puntos diversos, aleatorios para mi, necesariamente determinados para las pequeñas barcas que avanzaban. Y entre aquella procesión, a mis ojos, tan fúnebre, comprendí que en mis manos sólo había sal, y no unos remos. Yo no estaba tocando madera. Yo no me movía ni pertenecía a esa realidad. ¿Es así entonces como se empieza? ¿O no hay un bote para algunas personas? ¿Era acaso el principio de un hipotético faro? ¿O el final de una mierda de película de cine independiente? ¿Qué se suponía que tenía que interpretar? ¿Cuál era la metáfora?

Comprendo entonces que necesito una revelación, algún tipo de revelación antes de empezar a ver ovnis en el cielo.






domingo, 12 de octubre de 2014

El mundo de lo absurdo.

Reventar la burbuja con los dientes y escupir con pertinencia el por qué. Si tuviera todos los añicos de la ventana, todos los universos paralelos que se desprenden de los diminutos trozos de cristal que vuelan y son atravesados por la luz de un cielo caótico, que forman la imagen de un mundo repugnante y sentirlos quebrantar las manos; sentirlos tan fuerte como sienten los pulmones el humo de un cigarrillo.

Y eso es lo que hace el tiempo, hacer papilla nuestra masa cerebral, derretirla con la repugnancia y la rabia que va aumentando con cada año, con cada cumpleaños, con cada segundo que marca un reloj de muñeca.
Y nos consume la vida, nos consume tan rápido reprochándonos todas las veces que no vimos con la razón, todas las veces que creímos atisbar algo de control, algo de sentido, algo firme y estable que no existe. Esa es la clave del ser humano ahora mismo, pudrirse en un mundo completamente devastado por la mierda que nos anula todos los sentidos para no sentir absolutamente nada.
Y si no es la propia histeria ¿qué es lo que nos mantiene en pie? Nada.

Correr constantemente sin saber de qué se huye es la única forma de seguir cuerdo. Y, por supuesto, no mirar atrás. Nunca mirar atrás. Por no vomitar polvo, segregamos monstruos. Son estos monstruos los que te recuerdan que gracias a ellos respiras. Pero derrúmbate a gusto, es el único camino sensato.





viernes, 12 de septiembre de 2014

Tablas.

Caíste en picado como un bote salvavidas. La sorpresa fue infinita. Así que me creí el discurso humanista que tenías solapado con tu impertinencia. ''En el fondo todos somos humanos''. Y una mierda. Pero tenías tantas ganas de creértelo que hasta yo me decidí por hacerlo también. Eras como la religión bajo la forma de lo humano. Una sarta de mentiras a la mitad, llena de carencias, un engaño de un mismo, un espejismo, para que nadie pierda la calma, para mantenernos a flote y no verle los dientes al lado más perro de la vida.

''Bien, juguemos'', pensé. No voy a mentir, al principio me pareció hasta divertido, no tanto como las otras veces, pero le encontré el gusto. Ojalá hubiese podido saber de antemano qué pasaba al final, aunque supongo que desde el principio, tuve presente que sabía el desenlace.
Había pasado mucho tiempo desde que habías hecho tu movimiento, el primer peón. Cuando de repente se hicieron las diez de la mañana de una mañana cualquiera en una cama que no era la mía. Me levanté somnolienta y con ganas de comer cereales. Estuve más de media hora saboreándolos en tu cocina. Eso y la verdad. Estaba agotada. Estaba completamente agotada y cansada de pensar. De absorber, de guardar, de calcular cada movimiento como si el descuido de colocar el pie derecho un poco más horizontal fuese a perpetuar el golpe en el costado y fueses a reventar de un palo todas mis costillas, una a una. Fue entonces cuando me di cuenta de que no tenía ni la menor idea de cuál era el siguiente movimiento. Así que dejé el bol de cereales y cogí lo que quedaba de vitalidad en ese instante. Ya eran las once de la mañana y aún quedaba una hora. Me tiré en picado sobre tu cama y analicé la situación: el techo necesita una capa de pintura y estas sábanas parecen sacadas de un prostíbulo.
Supongo que fue entonces cuando lo supe, que no estaba analizando ninguna situación, estaba despidiéndome de ella. Y no, no correría de mi cuenta, porque ya había cargado demasiados remordimientos en mi cuenta bancaria. 
Me desperté una hora más tarde con una llamada entrante ''ya están aquí''. Y casi me dejo las gafas de sol antes de bajar. Lo primero que pensé al abrir los ojos fue que nunca más me permitiría el lujo de tratarme así. Y me empecé a perdonar. Supe que aún me quedaba un último tramo de sufrimiento, pero merecería la pena con tal de no volver a caer en unas manos tan inútiles y faltas de inteligencia emocional. Cerré la puerta y dije adiós, aunque sabía que desde las nueve el piso estaba completamente desolado excepto por mi. Exacto. ''Ni una más'' me dije, ''ni una más''.






jueves, 11 de septiembre de 2014

Breve ensayo filosófico.

Heidegger desarrolla lo que él llama la consumación de la metafísica occidental. La cual se despliega en una transición iniciada en Descartes y culminada en Nietzsche. Una metafísica occidental que comenzará con el olvido griego; la ingenuidad hiperbólica.

Tanto Heidegger como Foucault pretenden interpretar la realidad desde un punto de vista antropológico, pero con un objeto común, mostrar las deficiencias teóricas y prácticas de esa modalidad de pensamiento. 

La cuestión es saber quién pone al hombre como sujeto eminente, fundamento de lo que hay.
Se trata de cuestionar y hacer verdadera crítica de esa forma de problematizar llamada antropología fundamental.

Para entender la antropología fundamental, se ha de entender qué queremos decir con "la muerte del hombre". La muerte del hombre no es algo así como qué pasa con el hombre en el "más allá" sino que se trata del final de un cierto modo de pregunta. Es la  muerte de un modo de preguntar llamado antropología fundamental. Un modo de preguntar qué hace del hombre sujeto. 

Y es este modo de preguntar el que ha contribuido a un desastre paradójico, pues la antropología fundamental o filosófica, trata de garantizar la libertad del hombre en el mundo, lo que ha conducido a la destrucción del hombre en el imperio de la técnica. La antropología fundamental es la base teórica del desastre (que es la devastación de los hombres), ya que le permite la libertad, pero le lleva al totalitarismo, a la aniquilación. El hombre aparece como realidad que ha perdido su sustancia. Ha perdido todo como sujeto. El hombre ha llegado a la aniquilación técnica y masiva del hombre por el hombre (tal y como sucedió en la segunda Guerra Mundial), llegando al homo oeconomicus (el hombre en tanto que se ve impulsado y determinado por sus intereses económicos).

El hombre se ve encerrado en el mundo de la técnica, donde ya sólo se relaciona a través del trabajo, todo se reduce a procesos, ya no hay hombres, ni cosas, se produce la "animalización" que acaba en el mundo que trata de la nada, el nuestro. La vida preservándose a través de otras vidas.
Dice Heidegger, la tecnología es la metafísica de nuestro tiempo, el armazón de nuestro mundo.

En la antigüedad, los grandes filósofos griegos sostenían que la polis era fundamental para generar una vida para todos, es decir, la política es el espacio en que hay hombres. Sin embargo, actualmente, la política de vida es hacer del hombre una fuerza de trabajo, hoy se vive por vivir, la política es el cuidado de la vida, tenemos mejor salud porque así lo requiere una máquina de producción. Hemos de ser productivos en sentido vital. Hoy, las matanzas han llegado a ser vitales, la vida devorándose a sí misma para abrirse paso. El hombre ha perdido su esencia para acabar siendo un mero animal.

¿Queda entonces un residuo antropológico de la técnica? Según Heidegger, aquello que resiste al mundo de la técnica, es la humanitas.
El hombre no es el señor de ésta sino algo que la resiste. Es un residuo antropológico. En el límite de la técnica se percibe a la humanidad.

Heidegger entiende la antropología como una estructura de la ordenación de la realidad, una interpretación de la realidad, no sólo del hombre. La antropología supone al hombre como hombre y como sujeto. 

Durante mucho tiempo el hombre no fue sujeto ni las cosas objetos. Las cosas eran en sí mismas y por sí mismas (desde Grecia hasta el Medievo). Los sujetos, eran las cosas y no el hombre. 
Entiende pues, que hasta Descartes, los entes eran sujeto, eran por sí mismos y en sí mismos sin remitir en otras cosas.
Con la interpretación cartesiana se lleva a cabo una revelación, el hombre adquiere estatuto de sujeto.
¿Cómo? con la objetivación. Los entes no son objetos sino que son objetivados. Aquello que ordena las cosas es la forma hombre, Lo ente (las cosas) son experimentadas como objeto allí donde el hombre ha llegado a ser sujeto, donde el hombre llegar a ser el ser de las cosas.

Con los griegos, las cosas eran consistencia y permanencia, eran estables. El precio a pagar por la subjetivación del hombre es la pérdida del mundo cualitativo. Ganamos seguridad de cuantificación, pero nos quedamos sin las cosas, sin la cualidad de éstas, el afán de certeza y el asegurarse "un paso seguro por la vida", la certeza práctica, ha implicado un proceso de descualificación de las cosas. 

Es Descartes quien inicia la consumación de la metafísica occidental. Es él el principio del final de la metafísica.
La transformación decisiva es la transformación de la esencia del hombre, donde el hombre se convierte en punto de referencia de las cosas y el mundo se convierte en una imagen, el mundo deviene imagen y es aquí donde el hombre es el fundamento de las cosas, el subjectum.

Con el mundo de la imagen, Heidegger hace referencia a un mundo que se ha transformado en un mundo de simulacros, un mundo del espectáculo donde nada es consistente, nada es estable o permanente. Y es desde el momento en que el hombre deviene sujeto, el mundo se convierte en imagen. El único tipo de realidad que hay, medible y controlable, el mundo deviene res extensa. El hombre no es un mero estar, una "existencia" en el sentido de estar, en el imperio de la tecnología se entiende al hombre como "material humano"

Será entonces Descartes según Heidegger, la base de la futura antropología filosófica, pasando por Nietzsche, pues defiende que, a pesar de que muchos pensadores estén en desacuerdo, Nietzsche es un Descartes consecuente y a su vez, el final del final de la metafísica. Es importante seguir el hilo conductor entre ambos pensadores modernos, pues lo que se comienza con el mundo de la imagen iniciado por Descartes, se cierra con el triunfo de la voluntad de Nietzsche.

Heidegger encuentra que la teoría cartesiana cae en su propio escepticismo. Ya que Descartes, con su pretensión de poner en duda toda la realidad, pasa por alto poner en duda la afirmación ''cogito ergo sum''.
Heidegger considera que el ego no es más que cogito, no hay una cosa que piensa, existo ya pensando. Es decir "cogito sum". Además, soy, en cuanto a aquel que representa. El cogito no es una cosa, sino el ser de las cosas. 
Sin embargo, Descartes cae en la tradición Escolástica medieval poniendo como sujeto a Dios, y es aquí donde Nietzsche comenzará, como he dicho anteriormente, a ser un Descartes conscuente, poniendo en duda el propio cogito ergo sum y con su mundo nihilista.

El cogito, en su verdad, es la voluntad, la esencia de representación es la voluntad. Lo voluntad de voluntad, el querer que sólo quiere quererse a sí mismo en sentido de thelos, es decir, como fin.

Nietzsche, según Heidegger, muestra que detrás de la representación está la voluntad, por la voluntad el hombre llega a subjectum. El problema de Descartes es que no lleva su procedimiento de pensamiento hasta el final, no es lo suficientemente radical.
Esto no sólo aparece en Nietzsche, también Ortega lo critica, aportando que la primera verdad es "mi vida", ni el sujeto ni el objeto: mi vida como realidad radical.

Heidegger sostiene que lo que desencadena el cartesianismo es que el hombre es algo que aprovecha y es utilizado por la técnica, y la humanidad posible con este hombre usado por la técnica es la del superhombre; según las exigencias de producción, que seamos seres flexibles, nómadas, ser usados y producidos según necesidad, con esto, podremos estar adaptados a requerimientos de producción.
El verdadero mal se llama cambio constante, en el que nada se conserva, siempre se necesita más y más, y la fuerza que da al ámbito esencial de este dominio es la humanidad del superhombre. 

Nietzsche llama al subjectum como vida o cuerpo. Ser a partir de que el ser se define como vida, el ser es movimiento incesante. Nada está dado a perdurar, los seres nacen y mueren y lo único que perdura es la vida misma, pero no los seres vivos. Los seres vivos luchan entre sí (tal y como el pez grande se come al chico). La vida perdura porque mata. La vida todo lo consume. En la vida nada perdura excepto la vida misma. El carácter fundamental de la vida, es la voluntad de poder.

El cuerpo, es un conjunto de afectos y pulsiones, el mundo no es un mundo racional, es un mundo en el que campa el animal trabajador, el hombre brutus bestialis. Donde el hombre aparece como sujeto, como cuerpo, como triunfo de la voluntad. La animalitas se constituye en el hilo conductor, no hemos iniciado como animales, hemos acabado como animales.

Por tanto, la duda, conduce al mundo donde la única certeza es mi sensación vital. La primera realidad no es ni sujetos ni objetos; es la vida. Un mundo de fuerzas, instintos y pulsiones(apetitos y pasiones).
El mundo que nos entrega Nietzsche es un mundo de fuerzas en conflicto. La única realidad dada, es el mundo de los apetitos y las pasiones. El cogito no es más que una relación entre pulsiones, el reino de la libertad se reduce a la naturaleza.

Y es este mundo en el que nada permanece, el mundo nihilista.
El nihilismo se entiende como un proceso histórico de devastación, de aniquilación de todo lo permanente y estable en el mundo, que tiene su origen en la voluntad, en el poder de querer. 
A su vez, es una alusión al estado de cosas en el mundo presente como resultado de esos procesos; el mundo que resulta de ese proceso. El mundo de la nada, de las sombras. Un mundo de carácter líquido.

La voluntad quiere seguir queriendo, asegurarse a sí misma, la obsesión por el futuro crea la destrucción, los hombres sólo miran hacia el futuro ya que el pasado es incambiable. Mirar hacia atrás anula la voluntad y la destrucción es lo único que asegura que siga queriendo.
Lo importante es el querer, y que el querer no se agote, no se apague nunca, y si para ello se ha de querer la nada, es mejor que dejar de querer. La voluntad no ha de anularse.

El hombre, es en esencia voluntad de querer, este querer ir siempre más allá y es esta propiedad del hombre la que destruye toda esencia del mundo.

El apogeo de este querer perpetuo es el sistema económico que desata, el capitalismo (tiene sus propias necesidades, que tienen poco que ver con los que habitan en sociedad).
El capitalismo necesita reproducción, reproducción siempre a una escala ampliada, obsesión por el crecimiento constante, sin saber hacia dónde lleva ese crecimiento. Será esa reproducción la que le mantenga, por tanto, no ha de apagarse. Las clases políticas están a su servicio, ya que el hombre se ve derrotado por el imperio de la técnica. Se produce capital para producir más capital, no para mejorar el bienestar de la sociedad. Es un movimiento que no tiene un fin más allá de sí mismo. Un absurdo. La consistencia del capitalismo es a su vez la inconsistencia de los hombres y las cosas, sólo así podrá ir más allá. Que las cosas permaneciesen, que se hiciesen bienes de uso y no de consumo, sería el cataclismo de este sistema nihilista.  La conservación significa la ruina.

Nos han hecho creer que el hombre es deseo, es voluntad, que hay algo de insaciable en la naturaleza del hombre, si la naturaleza humana fuese un ser insaciable, nunca se le habría ocurrido crear máquinas para dejar de trabajar, para luego, seguir trabajando y seguimos trabajando de manera insaciable y suicida.
Esto no es una condición del ser humano, es una condición del capitalismo.
No es el ser humano insaciable, es el capitalismo imparable.

Solamente con la destrucción y ruina, se podrá seguir fabricando y produciendo.
El hombre devorado por el imperio de la técnica que él mismo ha creado y que le ha llevado a su propia perdición.








martes, 9 de septiembre de 2014

Sobre los planetas.

Se enciende el motor y empezamos a tomar las primeras curvas. La inmensidad nos cubre. El inmenso azul grisáceo del cielo, los inmensos prados tan puros como verdes, la inmensidad de los árboles que parecen observar cómo nos acercamos... O nos vamos. La inmensidad de mi sensibilidad.
Bajo la ventanilla para respirar, para sentir la libertad del dejarse llevar, dejarse llevar sin más. Y mi pelo juega a bailar con la humedad del viento. Y entonces siento que estoy donde debo estar, soy lo que quiero ser, soy un día raro, soy todo lo que tengo que ser, estoy en todos lados, en todos mis lados y a la vez tan dentro; soy una, soy miles de cosas. Siento, veo y huelo miles de perfiles, de caras, de perspectivas, de paisajes, de perfumes. Millones de sensaciones que se arremolinan en mi garganta, en mi pecho. Comos si mi corazón estuviese hecho de pequeñas hojas de invierno perfectamente  colocadas y desordenadas para poder latir.
Y en ese preciso instante me convierto en vapor, y no sé diferenciar mi limitación con todo lo demás, no encuentro líneas ni bordes, ni mucho menos definiciones que catalogan y delimitan todo lo que no soy yo. Soy una extensión más de las estaciones, de los riachuelos y las tormentas veraniegas.

Pero entonces llega la autopista y la presión se hace insoportable, el aire muerde y no acaricia, y vuelvo a estar a unos milímetros de la libertad, separada por un cristal que me deja verla, pero me recuerda que es más seguro así, desde dentro. Más cómodo. Entonces, me pregunto si es así como voy a tener que sentirme siempre, a un cristal de diferencia entre mi libertad y la comodidad. Me pregunto si todos estamos a un cristal de ser todo lo que en esencia somos, todo lo que podemos ser, todo lo que queremos ser, pero no nos es posible porque no es lo correcto. No es la garantía. No es tu futuro. O eso es lo que dicen siempre, ''cierra la ventanilla, que pongo el aire acondicionado'' es quizá ''cierra la ventanilla, que tienes la vida condicionada'.








viernes, 29 de agosto de 2014

O son do ar.

Y presencié el fenómeno, yo era parte del fenómeno, de la magia, de las leyendas.
Las montañas se alzaban como gigantescos e interminables dedos que rasgaban el cielo con fuerza, como un gran muro, una fortaleza verde que te cuida y te ve, como si fueras de cristal.

Los primeros rayos de sol intentaban penetrar con suavidad las sábanas de nubes que arropaban levemente el horizonte, dejando sólo una estela azul-grana que se disolvía entre los diferentes tonos que se iban desnudando y persiguiendo unos a otros, que bailaban incesantemente con las posiciones solares. La neblina se colaba entre los árboles, los castaños, los helechos, envolvía con cariño y malicia aquel, a mis ojos, paraíso natural. Las hojas se susurraban al oído en un dialecto incomprensible, parecían contar historias de todas las batallas que allí se habían librado, parecían cantarle al pueblo celta, al hidromiel y a las queimadas.

Cada sendero perdido, cada camino vertiginoso, cada rincón redescubierto,  hermético de historia, sellado por lo que la mente imagina pero los ojos nunca pudieron ver, lleno de misterio, de enigmas codificados en la piedra pulida, en el aliento gélido amenazante de cada una de las cuevas al encontrarlas, como si quisieran reconocerte y, recelosas, dejarte entrar. Como si te hubiesen visto crecer; las almas ancestrales te hubiesen acunado en las frescas y oscuras noches y los árboles hubieran elaborado con sus respiraciones la melodía que te recuerda de dónde provienes, por cada vez que cerraste los ojos escuchándola. Como si el pantano eterno, agua  del mismísimo santo grial,  hubiese pulido tu piel dejándola con su propia marca, con el sello que te recuerda a dónde pertenece tu sangre.

Existen sentimientos nacionalistas, patriotismos, lealtad y orgullo por trapos, o como lo llaman, banderas. Existen sensaciones inexplicables como aquella que solo sentimos cuando experimentamos el amor, cuando subimos a una azotea o nos asomamos a un acantilado. Cuando un amigo sale de su casa a las tres de la mañana por ti o tus padres te miran con orgullo y aprobación.

Yo no entiendo de nación, no entiendo de amor ni de fraternidad, admiración o bandera. No, no si ese muro formado por montañas e historias más complejas que la mente humana no me abraza protector mientras la sensación de volver a ser tierra envuelve hasta la punta de los dedos de tus pies.
Sé lo que es el hogar, sé lo que es la familia, sé lo que es raíz y origen, sé de dónde vengo y a dónde voy, sé por qué mataría y qué corre por mis venas, cuál es mi genética. Sé qué me protege y qué me ha visto crecer. Sé a dónde tengo que ir cuando no sepa siquiera de qué o quién estoy huyendo.
Sé a lo que busco, cuando miro hacia atrás. Te miro a ti, Cobas de Valdeorras, te miro a ti, Galicia.





lunes, 2 de junio de 2014

Voilà, au revoir, alehop.

No consigo recordar cuánto tiempo lleva mi barra de labios tirada en el suelo del baño. Ni tampoco cuánto tiempo llevas hablando del equilibrio, de la soledad necesaria y esas farándulas tuyas. Qué poco me gusta cuando leo entre líneas el ''adiós'' en tus labios, porque es entonces cuando sé que yo tengo que ponerle el punto y final, y la verdad es que carezco de voluntad o libre arbitrio últimamente.

Apunto con cuidado para pisar las baldosas adecuadas de la cocina y llegar hasta la terracita. Saco el paquete de Camel y por un momento creo haber olvidado todo lo que estabas intentando hacerme entender. El problema es que siempre se te olvida que voy unos pasitos por delante, y que no es que no entienda, es que simplemente no me da la real gana entender. Me cuesta y no hay más vueltas de tuerca en este asunto.

Me siento y tú parece como si aún quisieras acompañarme, ya sé yo que no, pero me parece bonito que parezca como si sí.

Resulta que me es indiferente lo que ya sé y tú crees que no sé. Resulta que al final no ha sido para tanto y que no me perfora nada que no me haya perforado antes. La broca es incluso adecuada para el agujero ancestral.
Pues vaya chasco. Yo que pensaba por un momento que las cosas iban a cambiar y que tú las habías cambiado. Qué desastre de magia. Qué encantamientos tan inútiles. Qué desperdicio de tiempo.
Y lo que me parece una broma aún más pesada, lo que me pesa, valga la redundancia, es la no-capacidad.
¿La no-capacidad de qué? La no-capacidad de verme dispuesta a tener que salir de algo o superar nada.
A mi esto se me va antojando como el cigarillo de las bodas y de las ocasiones especiales cuando conseguiste dejar el vicio. Después, cuando llegas a casa y te quitas los zapatos te dices ''¿Otra vez? Otra vez no, que suficiente costó la última''. Pues así es todo el tiempo contigo.

Sé que suena a desfachatez, pero me das pereza. Me das tanta pereza que prefiero hacer como si doliese más que los tragos de la cicuta. ''Vaya mierda'' me repito. ''Pero vaya soberana mierda'' todo el rato.
Es que borrar todo un ejercicio de funciones, con tanto cálculo y tanta gráfica y replantearlo y volver a intentar solucionarlo no es otra cosa que una flagrante hez. Y entonces eso supones para mi, una hez.

Y le doy un par de caladas mientras te miro y pienso que eres una mierda enorme. Y sonrío porque mis pensamientos son tan básicos y sencillos que tú crees que estoy colisionando, como si esto fuese amor verdadero o algo parecido. ''Qué inútil''. Sí, la inutilidad de la soledad. Eso me da cansancio, me desinfla, me pone histérica, ''tanto tanto para nada nada''. Pues así yo no quiero funcionar, pero mucho menos contigo.
Es que es realmente molesto darse cuenta de que has tirado cosas a la basura que sólo vas a poder tener una vez en la vida, poniendo un ejemplo muy tonto y que no tiene nada que ver: el tiempo.

Así que decido no darle más importancia a las cenizas que acabarás recogiendo tú e inhalo por última vez. Me miras como si fuese a reventar hasta el último de tus músculos y te sorprendes.
''Lo siento... ¿Estás bien? ¿dónde vas?'', preguntas como si te hubiese decepcionado mi reacción ''pues a recoger la barra de labios, ¿qué te esperas?''. Y vaya con el invierno, el de fuera y el de dentro. Vaya decepción de supuesto descoloque, que me miro por dentro y sigo igual pero con todo al revés y la cabeza oscura y abismal. No has solucionado nada y me lo has recordado todo. Joder, siempre has sabido la manía irracional y pánico que le tengo al pasado. Ahí, y sólo ahí, supiste ganar una batalla. Las demás que te atribuiste deberías considerarlas, tanto a priori como a posteriori, más que perdidas, hundidas y tocadas.

Jamás te quise admitir que no llegabas a la altura, y eso me ha tenido caminando sobre la cuerda floja, porque tampoco me lo quise admitir a mí misma. Y ahora es cuando se ve el fin de la función ¿no?
Voilà, au revoir, alehop.







martes, 20 de mayo de 2014

Last day of magic.

Os hablaré de la última noche que la vi. Del vestido en el que iba bañada, rojo carmesí; a juego con sus labios. Y de cómo se deslizaban aquellos bucles cobrizos por su espalda desnuda.

Aún hoy la gente sigue recordando aquella tragedia, yo sin embargo sigo sabiendo que estaba dentro de ella, era una marca grabada dentro de su anatomía.

Os hablaré de la última noche y cómo siguen los recuerdos centelleando en mi cabeza, una cabeza que se quedó en aquella fiesta.

Nunca supimos la verdad, aunque en parte yo la supe desde el principio, desde el momento en que la vi cruzar el patio, bajo las luces y las copas burbujeando. Doradas. Llenas de estrellas. Llenas de hipocresía y banalidades.
Los decibelios eran altos, aunque yo no lograba escuchar más allá de la brisa veraniega que azotaba la finca. A veces escucho cómo se ríe entrecerrando los ojos, y dejando escapar el oxígeno que me faltó a las pocas horas de saber lo que pasaría.

Iba sembrando una serie de miradas cada vez que se desplazaba lentamente por aquellas escaleras de mármol, ella era consciente del efecto que causaba en las demás personas. Siempre se apuntaba dos tantos antes de que alguien intentase ganarse algo. O ganarla a ella. Sabía hacer algún tipo de magia que aún desconozco, o quizá conocí demasiado. Pero eso no importa, lo que importa es lo que ella sabía y sólo había compartido conmigo.
Se iba perdiendo entre las parejas que bailaban al compás, entre los camareros y las cortinas de seda. Todos estaban disfrazados de felicidad, de celebración... Y tan castigados por la desgracia interiormente.
Se había esfumado como la espuma y entonces supe que era mi turno.
Cuando la encontré allí sentada vi en sus ojos el pozo un poco más abismal de lo normal, el laberinto del minotauro, y como un valiente jugué a ser Teseo, aunque sabía que ella conocía todos mis pasos y coordenadas de antemano. Es algo inexplicable, la manera en que podía adelantarse a cualquier acontecimiento. Quizá ese era su castigo, a pesar de que solía lamentar que mis muros fueran más difíciles que los muros de los demás.

Se irguió lentamente, sin abandonar todas las posibles caras ocultas. Sólo recuerdo que estuvimos bailando demasiado tiempo, pista tras pista, acompasados por los latidos de nuestros relojes. A veces creo que estuve inconsciente, que las horas se rompieron a la vez que toda aquella escena: poco a poco.
Y sentí que jamás volvería a formar parte de un juego tan maquiavélico, era como un ajedrez sin reglas, pero imposible de derrocar al rey contrario. Sentí que aquel vestido se iba a quedar impregnado en mis huellas dactilares, el olor en mis noches de insomnio, las imágenes en un film de autoproducción.

¿Conocéis ese momento en que sabes que algo va a cambiar para siempre y ya nunca volverá a ser como era antes?
Cuando conozcáis a una persona capaz de transformar el oro en polvo, entonces sabréis de qué hablo. Eran años difíciles, eran tiempos en que el curso de la vida se abría paso a sí misma por medio de la destrucción y demolición humana. Eran tiempos en que encontrar a alguien cuerdo entre aquella masa de brazos y piernas se consideraba un milagro. Eran las primeras y las últimas noches del verano del cuarenta y cinco.

La última noche mágica... ¿Dónde estarás ahora?





jueves, 15 de mayo de 2014

Joining the dots.

''Y lo supe, porque estabas allí de pie, interpretando, como si cada una de las cosas que decías fuesen una historia y millones al mismo tiempo. Y las interpretabas tan bien, tan desenfadada, como si por un momento pudieses contener la respiración de todas las personas que te rodeaban, pero que yo no podía ver. Y pensé que podía quedarme allí sentado, esperando no, escuchando. Como un antojo de querer estar escuchando todo lo que pudieras llegar a decir; a contar; a inventar; como si tuvieras miles de fábulas y tuviese que investigar que parte de la historia es cierta y cual no lo es tanto.
Y movías los brazos, agitabas las manos de forma tan contagiosa que me parecía que nadie allí podía llegar a apreciar nada de lo que podía llegar a significar: nada pero algo.
Y estaba como contagiado, como lleno de alergia, como si pudieses desprender y aprehender, y es que no quería parar de ver aquel fenómeno que eras tú en ese preciso instante.
Pero entonces simplemente te callabas, y te quedabas como medio colgada, como si te balanceases entre las hojas, pero nunca abandonabas esa ternura y misticismo. Ciencia-ficción o algo así. Y se te veía en los ojos, como si fuesen túneles interminables de gusano, que te invitan a caerte y deslizarte por ellos como los toboganes en los parques de bolas.
Y me sentía un crío perdido en medio de una librería, sabiendo que tú estabas llena de libros e infinitas palabras.
Es extraño lo que evocas, andas por ahí como incitando, invitando de forma tan atrevida, que cualquiera tiene valor a entrar realmente. Entonces supe que tenía un problema. Eres un problema enorme de enunciado eterno que no para de dar vueltas y al que no puedes volver a encontrar el principio ni el final. No haces más que descolocar cosas sin darte cuenta y es eso lo que quizá me hizo caer, y me hace caer una y otra vez. Que tienes una capacidad de ordenar las cosas inconscientemente y cada día de una forma diferente. Eres una cosa y tantas a la vez, que colapsa, que estalla y te deja ahí, yo que sé cómo, pero ahí y diferente.

Yo no sé qué voy a hacer contigo, pero menos aún sé qué voy a hacer para dejar de estar tan intoxicado. A veces me pregunto si en algún momento realmente dejaste a alguien colarse en esa cabeza que parece un cajón desastre. Y yo creo que no. Yo creo que no porque cualquiera que hubiese podido aproximarse mínimamente a ese universo jamás habría podido aguantar salirse de él o salirse de ti.
Soy como un satélite girando sin querer en tu órbita, inconsciente de que ha quedado atrapado.''








domingo, 4 de mayo de 2014

Errantes.

Me giro sobre mi propio eje. Y te veo. Te veo a una longitud abismal de mi cable y los vértigos nunca han sido tan escalofriantes como en este instante.
Y me vuelvo a girar, y entro en un mar de dudas girando, y girando, y girando otra vez. Es totalmente ilógico que mis piezas irregulares a esta distancia parezcan tan exactas a las tuyas. Pero no estás ni por asomo cerca de mi cable. Ni del edificio del que cuelga mi cable. Ni del edificio de al lado. Ni del edificio de al lado de mi edificio.

Mi azotea está tan llena de vida que me eclipsa el hecho de que sólo yo pueda conocerla. ¿Y quién va a cruzar cables por mi? ¿Quién me va a acompañar a enseñar? ¿Y a aprender? Nadie, otra vez. Nadie.
Y me juro una y otra vez que los equilibrismos se me dan bien. Pero me engaño y te engaño, otra vez.

Y me canso de ser faro, y me canso de iluminar, y me canso de encontrarte, y me vuelvo a cansar. Y entro en cólera, en desesperanza, en desazón constante. Y te grito. Te grito más fuerte. Y ya me estoy quedando sin voz y paso del plan alfa al beta. Y me empiezo a quedar sin cualquier tipo de abecedario conocido o por conocer. Pero allí sigue tu barco. Tan solitario como sereno. Y lo veo alejarse ¿o se está acercando? Y ya lo sé, otra vez, que sí, que son los efectos ópticos, que sigue ahí, ni un milímetro más cercano ni más lejano. Ni un ápice de movimiento a través de la marea.

Y un reflejo en la espuma me hace señas. Y enciendo mis luces, a pleno pulmón. Nada. Como el ruido sin aire, ¿qué haré?.
Comienzo a ser intermitente. Ahora más intenso. Ahora más débil. Y me apago, me enciendo, y la espuma sigue brillando como aullando ser salvada. Pero es la espuma y no es tu barco. Y compartimos el cielo y nada más.

Entonces lo entiendo. Estamos condenados a la causa perdida. Estamos condenados a encontrarnos sin vernos. A conocernos sin adentrarnos. A respirar el mismo aire sin intoxicarnos. Somos... Ni siquiera somos, pero si lo fuéramos, una deriva caprichosa en la que nunca uno puede llegar a encontrar nada. 

Ya lo decía Parménides, si de la nada, nada se puede sacar.



lunes, 28 de abril de 2014

Entrada de anti-ayuda.

Llevamos toda la vida escuchando comparaciones entre hombre y máquina o más bien cerebro y máquina.
Quizá, llevado a un nivel más literario que no pretende decantarse por tal relación de forma rigurosa, no estemos tan lejos de serlo. Un mecanismo. Un enorme reloj lleno de engranajes.

Y es que a veces nos exigimos un nivel tan alto que nos olvidamos de nuestras propias capacidades. Nos olvidamos de la introspección. De tocarnos y aprehendernos por dentro. Y esto no puede ser más que un acto fatídico. Porque nos desengranamos. Descarrilamos. Y lo peor es que no somos conscientes de ello hasta que el propio mecanismo da un parón. Un freno en seco que nos deja completamente en stand by. Y las pastillas de freno se desgastan ferozmente.
Se supone que después de esto viene el estado de desolación, y con ello la perdida total de perspectiva real. Y los engranajes ya fuera de lugar siguen intentando llevar un ritmo suicida, un ritmo que ya no puede seguir adelante.

El error se comete cuando creemos que esto no se puede asumir como algo necesario. No. Lo es totalmente. Es tan necesario como el cambio de marchas. Y se comete cuando vemos que no es posible continuar con lo exigido y observamos como todo ha quedado destrozado por dentro y a simple vista ya no hay manera de solucionarlo. No nos vemos capacitados. Y si ya no podemos desandar ni andar sólo queda el estancamiento. ''Yo me quedo aquí y yo me quedo aquí''.

Aquí viene el acto de valentía. ''Yo me quedo aquí'' Pero yo me quedo a perfilar cada diente de cada rueda, a descubrir dónde iba, qué encaja con qué. Yo me quedo aquí a engrasar y colocar. Porque todo el mundo actúa, todo el mundo lleva a cabo demasiadas cosas a las que luego pretenden encontrar explicación, y al no hallarla, está en todas partes menos en uno mismo. La falta de consciencia del ''yo'', de saberse a uno mismo, ha llegado a niveles tan extremos que me parece una completa aberración humana.

Y levantas un momento la vista y sólo consigues ver gente, gente que nunca se ha dado una oportunidad a sí misma, gente que sigue corriendo con toda la maquinaria al borde del cataclismo. Gente auto-destruyéndose sin ser siquiera consciente de ello. Pero pararán. Porque a todos nos llega el momento de derrapar de rodillas contra el suelo.

Aquí están los nuevos comienzos. No en cambiar tu perfume. Ni en teñirte el pelo de un color diferente. No en empezar una serie nueva, ni un libro que dijiste que siempre leerías y nunca leíste. Los comienzos no son finalizar el instituto o acabar la licenciatura. Esos comienzos no son nada si no sabemos comenzar con nosotros mismos. Reinventarse. Reconstruirse. Pero antes que eso, conocerse y horrorizarse al hacerlo. Ese es el primer paso. Aceptarse se da con el tiempo.

Estamos jodidos pensando que todo ese mundo de ahí fuera no es real y, por desagracia, no lo es. Todo está remitiendo en sombras de lo que las cosas realmente son. Absolutamente todo ha perdido el verdadero significado, el hombre se deshumaniza con un afán imperturbable. Y si todo está jodido ahí fuera, es quizá la hora exacta para empezar a dejar de jodernos aquí dentro y si lo hacemos, seamos consecuentes y conscientes de ello. Pero basta de exigencias por encima de las posibilidades, que es en lo que parece que nos hemos ido a basar.

Parad. Miraos. Horrorizaros con vosotros mismos. Y vivid con vuestra propia mierda hasta el día en que muráis. Porque eso será ser algo en esta vida. No vuestro título universitario, ni vuestra casa a pie de playa. Ni la lista de todas las personas que os hayáis llevado a la cama en un mes.

Mirar, mirar tu propia mierda y vivir con ella siendo consciente de que existe y ya no se puede cambiar. Eso, eso es un acto de valentía.
Saber que no sois una naranja entera. Saber que estáis incompletos. Encontrar que no vais a cambiar jamás lo que sois realmente por mucho que os esforcéis en poneros la máscara que más os convence.

Y entonces, sólo entonces, os mereceréis algo de reconocimiento en esta, vuestra vida.







miércoles, 23 de abril de 2014

Invitaremos a todo el mundo en la vecindad.

''¿De qué serviría pensar que nunca sucedería? Prefiero preparar una fiesta de despedida por cada uno de aquellos días que fueron tan...''


Y lo prefiero. Prefiero preparar una fiesta de despedida, una fiesta para ti, para mí. E invitaremos a todo el mundo en la vecindad, con las postales que nos han ido sobrando Navidad tras Navidad.

Y lo prefiero, por cada uno de aquellos días... Por cada uno de aquellos días que no volverán. Que se marcharán. 
Aquellos días que parecían efervescentes; lúcidos; claros; jóvenes; inconscientes; valientes; difíciles; todas aquellas veces que me hice la fuerte por ti y en los que también me hiciste fuerte.

Días, qué relativo ¿verdad? ¿cuántos llevamos ya? ¿cuándo hemos parado el calendario? Qué insolente preguntarse por eso ahora. Pero los recuerdo, los acabo recordando todos, los agrios, los que eran un poco más difíciles, los que eran escaleras de caracol eternas.
Días... Días de plátanos y fresas con leche condensada. Días de música y de cerveza. Días de tirar la casa por la ventana, de tirarnos los platos y de fumar los primeros cigarrillos.
Días en que las noches se hacían madrugadas, días de no hablar pero sí de escribir, de abrirse en canal con anestesia conjunta. Días y noches. Consecutivamente siempre eran días y noches... De caminar por la cuerda floja mirándonos fijamente: aquí no nos caemos ninguna.

Y está todo tan difuminado por lo perecedero que no puedo evitar un deje melancólico en cada palabra. Cómo los años han ido pisándonos los talones, un poquito más, y más, y siempre más.
Hay esparcido por todo Madrid un poco de las dos. Hay esparcido por Madrid aventuras de todo tipo. Pensamientos de todo tipo. Fotos de todo tipo. Recuerdos de todo tipo. Pisadas, rincones, películas, juegos peculiares, inviernos, otoños, lágrimas y primaveras en extensión.

El último café me sabe tan lejano. Todo me sabe tan kilométrico, se me antoja tan brillante, pero tan diferente.

Esta fiesta de despedida pretende recoger todas las veces que en algún momento fuimos un diván o fuimos pájaros fuera de su jaula o incluso en ella. Cada sabor, cada imprecisión, todos los incendios de nieve y calor. Los gritos que fueron ventanas rotas, las veces que andamos por los cables y nunca nos replanteamos si nos atrevíamos a acompañarnos.

Como el vino picado, nos fuimos desgastando con el tiempo, a pesar de que se suponía que sería lo contrario. Y me alegro, y me enfado a la vez. Porque después de estudiar este caso sentencio lo nuestro diciendo que volamos muy alto, tan alto que nos perdimos. Y ahora que nos soltamos entre tanto viento creo ver alguna sombra de una amistad de camaradas. Pero como la mismísima teoría Darwiniana, nos hemos ido a evolucionar en diferentes continentes, y cabe resaltar que mientras sigas respirando a salvo, yo te saludo desde mi pliegue continental, con una suerte de sonrisa nostálgica, pero nostalgia que deja sabores dulces, a cereza, a arándanos y frutos rojos.

Nos perdimos a la deriva y ya no nos encontramos en el mismo barco, pero me despido de lo que una vez fue tu brisa, y lo hago con el corazón a trompicones. Pero de los buenos. Y me atrevo a darte la mano y un abrazo, un abrazo de ''hasta pronto'' que se convierte en ''quizá ya nos veremos''.

Y te lo pido con tanta sinceridad como puedo, sin traicionar ni un sólo pensamiento fugaz. Que ésta última fiesta no tiene música alternativa; globos; serpentinas; máscaras; gente. Ésta fiesta de despedida está decorada con palabras plasmadas. Que al fin y al cabo, tú y yo sólo estamos hechas de eso.

Así que camina, camina lejos porque sé que tienes unas piernas firmes a pesar de los moratones. Sé consecuente con todo lo que hagas, siempre, y afronta los peldaños con pies seguros. La vida te pondrá donde considere necesario que estés y tú tendrás que ponerle buena cara y asimilar los caprichos de lo incognoscible. No te canses, no te pares a buscar en los bolsillos, que a sorbos pequeños vas a ir encontrando lo que sea que tienes que encontrar. Recuerda que si hemos perdido, hemos ganado historias que contar, más que algunos tienen.

Y respira, respira tranquila, que seis años después reapareceremos hablando solas, resumiendo nuestra noria de vida en un solo café.




lunes, 21 de abril de 2014

EVERYTHING THAT KILLS ME MAKES ME FEEL ALIVE.

Derecha, izquierda, derecha, izquierda, derecha, izquierda. El eco lejano del último portazo colgaba de cada oscuro rincón de la cabeza.
Correr, correr, correr y no parar. Correr tan fuerte que nunca se llegue muy lejos, porque caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos.
Todas esas miradas se posaban amenazantes y aquella melodía se pegaba a mi piel como mi álter ego.
Los pulmones ardían y mi anatomía se sacudía suplicando el descanso, casi al borde de la catarsis, al borde de la implosión más bestial habida jamás.

Las imágenes estallaban como peta-zetas. Podía escuchar los glóbulos rojos, el oxígeno transportándose por cada vena. Inspirar, expirar.
Verde, ámbar, rojo. El ruido era ensordecedor, la gente hablaba tan alto que deseaba ahogar sus gargantas. Pero mis ojos ya no habían vuelto a ver la luz del día. Mi noche al fin era eterna. Y seguían los latigazos mentales.

''Dijiste que no ibas a volver a hacerlo'' ''Y no voy a volver a hacerlo'' ''Ya no lo sé, ya no me creo nada de lo que digas porque no soy capaz contigo, ya no sé seguirte'' ''No puedo prometerte nada futuro, ¿no te das cuenta de que todo es incierto?'' ''Y por eso hasta aquí hemos llegado tú y yo''.


Sentía una miga de plomo atrofiando mis cuerdas vocales. Mis pies marcaban el bombo, el bajo, cada acorde. Mis uñas perforaban la palma de mi mano. Los músculos se contraían vertiginosamente. No puedo mentir, no puedo mentir, no puedo mentir.


''Lo destrozas todo, ¿lo ves? Destrozas todo lo que tocas, Dios, ni siquiera Atila, ni siquiera'' ''Eso no es verdad, cállate porque eso no es verdad'' ''Mírate, ¿puedes girarte un momento y verlo? Dime, mira tu mundo y ten las narices de decirme de nuevo que estoy mintiendo''.


Y de mi garganta salían notas, salían pentagramas extraviados de un aparato fonador paralizado; sombras distorsionadas; colores difusos; negro; blanco; gris; osos; figuras ilimitadas; incertidumbre de certeza podrida. Cenizas de periódicos, de hemerotecas ardiendo.

Y el agujero de gusano tenía un final catastrófico, aquel fondo blanco psicótico me perseguía (o quizá le perseguía yo a él) y gritaba, grité hasta que el impacto abrió mis pulmones.
El sonido era sucio. Algún claxon. Tacones y bicicletas. Ir y venir. Conversaciones inútiles y banales. Y una acera. Adoquines. Grises. Sucios.

- Oye, ¿estás bien? Si no te levantas vas a matar a alguien.
- Aquí todo el mundo ya está muerto.

He vuelto.






domingo, 20 de abril de 2014

What a mess I leave to follow.

- ¿Soy sólo yo? Porque siento que todo este tiempo... Todo este tiempo he estado en una burbuja imperceptible. Nunca, nunca había pensado en la introspección. No sé qué activo el reactor que congeló el tiempo, que me hizo girarme. Girarme y observar, porque yo ya no era yo y necesitaba encontrar una causa de que yo ya no fuese lo que se suponía que estaba siendo. Y está todo atrás ¿sabes?, todo ha estado aconteciendo detrás de mi cristal. Me está pasando factura todo lo que alguna vez normalicé, todo lo que aparentemente estaba bien... No lo está nunca más.
- Porque siempre ha sido así. Todo este tiempo hemos sido el epicentro para que todos los meteoritos, para que todos los edificios que se derrumbaban a nuestro alrededor no nos rozasen. Hemos sido el núcleo de la esperanza rodeada de sombras, de fantasmas, de una inestabilidad que siempre vivió con nosotros. Llevamos bajo el agua mucho tiempo. Nunca fuimos normales, hemos estado rodeados de mentiras, mentiras que nos acariciaban, que nos acurrucaban por la noche, mentiras bellas para no estallar, para seguir cuerdos. Siempre fuimos nosotros, siempre se trató de nosotros lo más lejos posible del suelo, lo más alto que alcanzasen sus brazos torturados por la oscuridad.
- Pero se ha caído, el pasado siempre estará ahí, está en mi cabeza. Todo. No puedo evitar que marque lo que soy. Esas sombras han estado compartiendo cama desde que respiré por primera vez y ya no puedo darles la espalda porque han venido. La verdad está en ese macabro más allá. Pero no hay un más allá... Porque también soy yo. ¿Por qué nunca nos dimos cuenta antes?
- Porque lo hicieron bien, fue un crimen perfecto. Nunca llegarás a ningún juicio, nunca encontrarás papeles suficientes que presentar, la ley es la ley: el pasado es el pasado. ¿Entiendes? aléjate de todo eso, sigues aquí.
- Es amargo.
- Lo es.
- No, no me estás siguiendo. Es amargo que siempre hayamos sido tan diferentes tú y yo, porque tú sabes olvidar y yo sólo sé recordar. Siempre he vivido allí más que aquí y siempre lo has sabido, siempre has ido demasiados pasos por delante, siempre he intentado cogerte el ritmo, he corrido tanto detrás de ti que ahora sé que jamás borraremos lo que llevamos tatuado, lo que nos ha moldeado como la arcilla, la oscuridad nos ha visto crecer y yo siempre fui la débil y tú más el intocable.
No, si mi vida ha sido una sarta de mentiras, una muñeca rusa demoledora, un laberinto irreal, necesito respuestas. Yo no puedo dejarlo estar por mucho que a ti se te de tan bien olvidarte de los 'por qué' y si perdí la cabeza hace tanto tiempo, pienso rematarme.
- El arte por el arte. Dolor innecesario.
- No, no te equivoques. Mirarme y no saber en qué me he convertido y comprender que siempre he sido así es dolor. Todo este tiempo se ha tratado de eso, ¿no? de protegernos. Se ha tratado de que no eramos lo suficientemente fuertes como para afrontar la realidad que sobrepasaba lo que la mente de un crío puede soportar.
- No empieces.
- Yo estoy muy lejos de eso. Yo tengo que abrir las cicatrices que estaban por todo mi cuerpo, cicatrices que ni siquiera sabía que existían y supuraban cuando cerraba los ojos y mi inconsciente salía a visitarme. Ya estoy aquí. Ya me veo al otro lado de la boca del lobo y espero salir para contártelo. No puedes negarte al pasado. Y no podrás hacerlo nunca. Se les olvidó que ellos jamás podrían protegerme de mí misma.



In the darkness I will meet my creators and they will all agree, that I'm a suffocator.


domingo, 30 de marzo de 2014

Continentes.

Ella está esperando el tren. Esperando que las doce horas no se desvanezcan. Ella está esperando que sea la casualidad más grande de su vida.
Sonríe aunque la gente parece gris. El tiempo no acompaña con la primavera en el pecho. Se siente viva después de tantos otoños.

Aquel cierra la puerta e implosiona su corazón. Al otro lado los prejuicios, cuestiones de familia que del antes pasan al después. Y ya no son sólo lágrimas de rabia, nunca más. Hoy se siente vivo. Hoy ha vuelto del mundo de las sombras, que es nuestro mundo. Tan triste como cierto.
Hoy ha empezado el contador desde cero, desde bajo cero a respirar.

Ahora puedo ver al hombre del primero, en esa terraza rectangular. La oscuridad lo está llenando todo. Puedo ver también el cigarrillo en su mano consumirse poco a poco, ¿puede verme él a mi? quizá la pregunta es si realmente puedo verle yo a él y si él puede verme realmente a mi.

Hoy, a esta misma hora, a esta justa y exacta hora se acontecen miles de sucesos. Sucesos que se escapan a mi conocimiento y consciencia. Hoy algunas personas han pasado por un domingo más o uno menos. Hoy hay muchos tipos de lágrimas en las almohadas. También hay besos en las sábanas, algunos son de los que dicen que son de verdad, de los que uno siente, otros son de traición, otros saben a nuevo y otros muchos a despedidas.
Hoy hay películas soporíferas. Hoy hay cenas descongelándose y almas también. Hoy hay personas despertándose del sueño más perpetuo. Hoy hay cuerpos que desean no despertar nunca más.
Hoy hay despedidas de tren, de autobús, de lo que quieras, pero las hay y las ha habido. También hay comienzos, hay relojes que han empezado a funcionar y otros muchos que sienten los engranajes oxidarse un poquito más. Hoy el cielo ha sido un castigo y un regalo.

Es extraño la forma en que nos preguntamos por las vidas ajenas, es extraño que todos estemos aquí, reunidos por un extraño plan que aún desconocemos, y sigan habiendo almas perdidas. Y siga habiendo soledad. Y sigan derrumbándose los edificios que nos dedicamos a construir los demás días de la semana.

Me siento muy inquieta con esta cuestión. Me siento totalmente descolocada con esta cuestión y con las expectativas que nunca vamos a conocer en persona. ¿Y si esta forma de preguntarnos, esta extraña obsesión por las vidas ajenas, por las historias que no nos pertenecen no es otra cosa que miedo a uno mismo? Miedo a volcarnos y vernos. A mirarnos a las manos y sentir el vértigo del vacío. De no dormir por no escuchar la ausencia de latidos. ¿Es esto acaso una forma de disfrazarnos? Una forma de pasar por los espejos sin alzar la vista.

Qué indecente.



miércoles, 26 de marzo de 2014

Espejos y espejismos.

Ahogo un grito sordo: he llegado tarde. Y ella lleva un rato sin parpadear, muda, delante de su reflejo que soy yo.
No puedo evitar apresurarme a decir ''no es lo que parece'', pero ya no me escucha. Ella siempre se hunde en sábanas y agujeros de conejo de las fantasías más enrevesadas que la mente de un niño puede llegar a crear.
¿Qué he hecho? Lo he estropeado todo. Sigo arruinando el momento llegando siempre tarde. 
Toco su hombro, se gira: sigue teniendo esos ojos oscuros, felinos, irresolubles.
Pero me mira extrañada. Realmente ni siquiera sé qué me quiere decir con esa mueca y quizás eso es lo que más me aterra.
Está perdida en algún lado y no sé dónde. Se ha zambullido tan lejos que siento aún más miedo. Zarandeo su frágil cuerpo mientras intento encontrar algo de luz después del suceso. No escucha absolutamente nada. Ensimismada. Se ha ido a los páramos verdes, a lo único que conoce. A las piedras y al riachuelo, a el queso para merendar y las habitaciones de madera. A la guitarra que aún no sabe tocar.
Aprieto mis manos frías, agarro las suyas con mucha fuerza, la diferencia es abismal. ''¿Qué has visto?'' No hay respuesta. ''Escúchame, por favor coquín, escúchame''. Nada.

Lo he vuelto a hacer, lo he vuelto a hacer. Recorro el maldito pasillo, de arriba a abajo. Pero no estoy donde creo estar. La cocina tiene una barra americana y es más grande. Mi cuarto es más pequeño y en frente ese azul, en el que sólo me cuelo cuando no me mira y en el que me siento un ser casi invencible cuando él me invita.
¿Qué hago aquí? ¿Cómo hemos llegado aquí? Ella sigue conmigo, pero no me ve. Nunca puede verme y yo no puedo parar de verla. Y si yo no puedo comunicarme con ella ¿qué hago aquí? Se hace un silencio eterno, que dura tanto tiempo, tantos inviernos, tantos otoños, tantas primaveras, tantos veranos, que dura tantos años, tantos, que no logro comprender que me está susurrando, que al fin parece verme, que tiene su mirada puesta en mi, por fin. Y entonces empiezo a caer en picado, piso tras piso, cuando escucho como dice ''¿Por qué estamos llorando?''.

Y un torbellino abrasa mi visión y mi mente y todo se queda suspendido en un abrir y cerrar de ojos. En un sutil suspiro, en las palabras. Y aparece la carretera de nuevo, y yo en la parte de atrás del micra, y la noche también. El cristal, el semáforo en rojo, la lluvia, la Navidad. ''He vuelto''.
Y sigo viendo como dejamos aquel edificio atrás, el motor se vuelve a poner en marcha, mi corazón se vuelve a poner en marcha. Arrancamos y se arrancan mis pies del pasado a la vez.

Y lo entiendo. Lo comprendo a la perfección. No estaba haciendo la visita, estaba siendo visitada. Siempre supe que era una niña demasiado espabilada.









miércoles, 19 de marzo de 2014

La época de la imagen del mundo.

Vuelvo a abrir a Heidegger. Leo la misma línea: una y otra vez. Maldito bucle que no me deja salir ni a respirar, que retuerce sus letras alrededor de mi cuello.


Subíamos los peldaños en un vaivén de recuerdos; de historias que no nos habíamos contado aún, hasta que nos topamos con la puerta. El objetivo. Sonreí mientras ella me decía ''de verdad, que no te va a doler nada''. Le devolví la sonrisa más nerviosa que se le puede dar a alguien cuando sientes que algo no marcha bien.
El proceso que se fue sucediendo hasta que estaba totalmente dispuesta a ser marcada de por vida no tiene demasiada importancia (por no decir que no logro recordar algo que no sea yo pensando ''step in front of a runaway train just to feel alive again'')

''Tienes que ladearte, es decir, mirar hacia la pared y levantar un brazo. Busca la posición que te sea más cómoda porque nos va a llevar un rato'' Y la inquietante espera me pareció más larga que los últimos días de Otoño.
Respiré hondo antes de escuchar el ''¿Estás preparada?'' y cuando quise darme cuenta ya no había vuelto a respirar.
No sentí demasiado o quizá menos de lo que esperaba (como todo lo que sucede en la vida real en un combate con las dichosas expectativas).
Los pinchazos eran certeros, rápidos, firmes, efímeros, sufribles. Los movimientos eran sumamente lentos, cuidadosos. El sonido de la aguja penetraba hasta en el último recoveco de mi cabeza.
Los primeros cinco minutos sólo pensaba ''¿Estará todavía por la K?'' y de repente me sumí en una nube negra de vapor atosigante. Y cada vez que la aguja se detenía sentía una imperiosa necesidad de que no parase, de que siguiese, de que el sonido jamás abandonase mi pabellón auditivo, que penetrase tan, tan, tan fuerte que todo lo demás ya no estuviese. Nada. Ni ese cuarto. Ni aquel hombre. Ni Sara. Ni yo.
''Más adentro'' pensé. ¿Más adentro? ¿Dentro de qué? Dentro de mi no, por favor. Pero ya era muy tarde como para no estarlo, y eso formaba parte de esa maldita bruma vertiginosa que me rodeaba mientras apretaba los ojos fuerte para no ver ni un ápice de sangre (si es que estaba sangrando algo)

No sé cuántas veces me arrastré de rodillas ni me supliqué que no abriese esa puerta. Esa no. Y allí estaba, tirada en el suelo como una escena totalmente fuera del drama, un paso más allá.
''María, ciérrala ya o se te va a hacer tarde''. Y se me hizo más tarde que nunca.
Y seguía en aquel suelo, aquella tarde de Mayo, deseando estar completamente bajo tierra o donde quisiera que él estuviese. ¿Y cómo se suponía que iba a seguir? ¿Y por qué ya no te iba a volver a ver? Es que, ¿quién había deliberado todo aquello y por qué no se me citó para el juicio? Porque te juro que de haberte condenado delante de aquellos (mis) ojos, me habría ido contigo, de la misma forma que tu evitaste mi caída fatal aquella noche de verano en ese santo camino casi imposible.
Y no me movía. ¿Cuánto tiempo llevaba allí tirada? ¿Por qué no paraba de pensar en soluciones si esta vez no había una posible? Ya no. Ya nunca más.
Quien quisiera que llegase a casa, no podía verme así, pero eso no me importaba demasiado. No sé cuántas veces susurré tu nombre, como a quien le arrancan un hijo de los brazos (no quiero ni imaginar esa parte de la historia).

La aguja volvía a ponerse en marcha. Y seguía mordiendo mi piel sutilmente, con cuidado, como acariciándola e intoxicándola al unísono.

Ahora estaba en aquel cuarto lleno de gente que creía ver en mi alguna respuesta. ¿Y qué les iba yo a decir? ¿Que no había pasado? ¿Qué se suponía que tenía que decirles? ¿Qué esperaban que sacase de mi chistera completamente rota? Esta vez no tenía absolutamente nada en las manos, ni un solo truco (tú que me enseñaste tantos. Tal y como me los diste te los llevaste).
No sé cuánto tiempo transcurrió a lo largo de esa tarde, no me atrevo a escribir sobre lo que pasó allí ni por fuera ni por dentro. Pero ¿y ahora cómo iba a vivir sabiendo que ya no podías formar parte de otra cosa que no fueran mis memorias y recuerdos? No me fiaba, no me fío de esas malditas enfermedades que te arrebatan el más divino tesoro: recordar.
Si seguía cuerda, ¿cuánto tiempo iba a aguantar para que lo último que viese al morir fueras tú? ¿y si ya no recordaba nunca que alguna vez habías existido? ¿y si por otra obra maestra de la vida, ya no iba a saber más qué pasó ese pegajoso día de Mayo? Yo te necesitaba para siempre ¿sabes? Yo te necesitaba como aquel aire seco y agrio. Yo te necesitaba más de lo que creía que se podía necesitar a alguien. Y te necesitaba tanto que el mero hecho de pensar que no nos íbamos a encontrar nunca más por mi culpa, por mi propio desgaste, por el óxido de los cuerpos decadentes, me comía el equilibrio.

''Ya sólo queda repasar un poco más la última palabra'' Escuchaba cómo decía de forma lejana. Ya había acabado. Me incorporé algo mareada y me miré frente al espejo. Y entonces, sólo entonces, supe que pasase lo que pasase, ni la enfermedad, ni mucho menos la salud, nos iban a separar.







                                                             


domingo, 2 de marzo de 2014

Imposibilidad del fenómeno.

Ser un caleidoscopio cuando quieras mirarme por dentro, cuando tus pupilas quieran beberse las mías a sorbitos pequeños. Fascinarme cuando te fascine y busquemos algún mensaje enclave en los posos del café.

¿Me dejarás? Déjame contornear cada cicatriz, que te digan que si estamos aquí, es gracias a ellas. Es porque sabían que existía algo de bálsamo en mis huellas dactilares. 
Sí me dejarás, me dejarás dormirme en el suelo de tu cocina cuando sea demasiado tarde o demasiado temprano. Imitar a una femme fatale a través del cristal de una cafetería cuando llegue un poco más tarde (saber que siempre me estoy peleando con el tiempo).

Vamos a encontrarnos como quien encuentra una carta escrita por el puño de los cinco años. No tengo mucho para ofrecerte excepto un cuarto interno desbordado por complicadas y enrevesadas espirales, pero acomódate, rétate a intentar descodificar cada onda gravitacional. Te prometo que voy a intoxicarte, voy a hacerte daño sin que te importe. 

Escribirte en la espalda a bolígrafo las frases que más suelen obsesionarme. Enseñarte todo mi mapa inverso de Madrid, resguardarte en el altillo de Tribunal. Dibujarte en servilletas mis enigmas. Descorchar el champán: bailar sobre la mesa.
Hacerte café con canela. Visitar exposiciones y criticarlas como verdaderos aristócratas que pretenden entender ''el arte por el arte''. Leerte los fragmentos de las historias más inciertas cuando no puedas dormir. Discutir como se debería discutir: tirándose la vajilla  para acabar deshaciendo la cama.

Vamos a ponernos unas lentes de contacto de color rojo, de color dorado, del color que quieras, pero vamos.




''Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos''


lunes, 17 de febrero de 2014

"No one loves me... neither do I"

- Pero cuéntame algo de ti, algo más allá.
- ¿Algo de lo que partir? ¿Algo que te haga ver si estoy lo suficientemente mal de la cabeza como para quedarte o no volver a hablarme después de que nos digamos adiós hoy?
- Tampoco es eso mujer...
- Lo es, seas consciente o no, claro. Bueno, no sé, me gusta pensar que las personas somos libros. Yo soy un libro muy raro o muy corriente, yo que sé... Pero, como todos los buenos libros, o al menos los que están bien editados, supongo que tengo un prólogo, es decir, supongo que te preguntas por eso... ¿No?
- Un prólogo, sí, algo así, ¡un prólogo del gran misterio de tu vida!
- Mi vida no guarda mucho misterio, eso podría ser mi pre-prólogo. Aún así... Te diré que no sé mucho de mi, sólo lo que voy recopilando de las diferentes personas que van pasando por mi vida. Supongo que no debería adelantarte mucha información, sólo voy por el prólogo; por el olor de un bizcocho casi hecho aún dentro del horno; por la primera imagen en una película que parece ser un dramón.
Bueno, te aconsejo que no te encariñes mucho conmigo, porque voy a intentar que lo hagas y creeré que quiero encariñarme contigo, me mentiré y te mentiré, y todo parecerá tan acertado y adecuado, que parecerá una obra del destino. Me colaré dentro, me colaré tan profundo que ni siquiera te va a dar tiempo a cerrar ni un solo candado. Y lo siento de antemano, pero te introduciré en una ilusión casi peliculera. Te haré creer que hay unas cámaras y una banda sonora alternativa perfecta para todo esto. Te haré pensar que cada momento podría ser relatado en algún lado, probablemente hasta yo misma lo relate en mis cuadernos. Y esto no roza ni de cerca la prepotencia o lo ególatra. Ni mucho menos. Esto roza un cansancio; unos años en la espalda que no tengo; una mierda de trastornos que ni siquiera deberían existir.
Pero lo mejor de todo esto es que no querrás que me vaya. No querrás que pare de hacer sombras con el fuego en la cueva.
Es irónico ¿no? Me pedirás que no me vaya, intentarás ser la excepción, incluso creerás que podrías serlo, y te esforzarás por lograrlo. Y te acordarás de mi para siempre. No sé de qué forma, si como la zorra que te robó hasta el sombrero o como el alma perdida que no sabía qué cama no correspondida quería ocupar. Es divertido, porque me odiarás por hacerte daño, pero entonces, cuando todo se acabe, cuando yo me vaya, cuando las cosas vuelvan a la normalidad en tu vida y ya no sea más que un par de fotos, te compadecerás de mi. Sea lo que sea, siempre habrá igualdad. ¿A qué precio? No lo sé, pero los dos saborearemos la amargura, no importa quién vaya  a ser el primero. Tablas.
- ¿Y si por una vez las cosas son diferentes?
- Si vas a golpearme, hazlo fuerte.



martes, 4 de febrero de 2014

''I know how you don't like normal things''

''I tried to save you... I did. I tried to make you throw them up. You threw up some, not enough. You took so many, Violet. You died crying. I held you. You were safe. You died... loved.  I didn't want you to find out this way, Violet. You or your parents. I had this idea that if you chose to die... with me... you wouldn't be so sad. I never wanted you to see this. I'm so sorry, Violet.''


Habría apostado todo hace unos años porque las cosas más intensas, se sienten cuando son racionales. Por suerte o por desgracia, he descubierto que dentro de lo insano se encuentra todo aquello que sería capaz de hacernos sentir más vivos que nunca. Ya he hablado alguna vez de esa estúpida frase que se suele decir sobre el amor; que no es necesario; que se puede vivir sin él. Aunque lo desearía más que nada, es todo una mierda llena de mentiras, y hasta el alma más solitaria sabe qué le carcome cada noche, tanto consciente como inconscientemente.


Os voy a contar qué pasa exactamente cuando sabemos que podríamos morir por alguien. No sé si realmente yo he tenido el placer de experimentarlo, pero si no lo he hecho, he estado realmente cerca, y de alguna forma, sé que estaba en esa cima.


Existe una clara diferencia entre ser amado y ser encerrado en una jaula. No sabría explicar a ciencia cierta dónde reside, pero creo que todos tenemos esa oportunidad de saberlo, de diferenciarlo.


Voy a acercaros a la primera persona, voy a acercaros a lo que todos ansiamos, todos perdemos, todos matamos, todos intentamos revivir, todo lo que nos atormenta en algún momento, todo lo que nos hace más pequeños, nos asfixia, todo lo que se desliza entre anhelos y recuerdos lejanos.


''Toda la magia, a todos los malos tragos, a los nervios, a las curiosidades, la complicidad, la inocencia, a todas las carcajadas. Es cierto, nada salio perfecto, aparentemente, equivocarse es una forma de acertar. No hay noche en la que no duerma entre todo lo que te caracteriza y tu voz impregnada en mi cabeza. No hay mañana que no me levante agradeciendo que un día mas, seguimos haciendo crecer esto, yo para ti y tu para mi. Hace tiempo que decidí desvelar mi destino, y este, iba de tu mano. Me remonto a aquella mirada, me remonto a las palabras, a los sentimientos y tormentas. Me remonto a esa noche del cuatro de Enero: Hacer siempre lo incorrecto, es una forma de acertar."


Y una noche como hoy me desperté, emocionado por la tranquilidad del Verano, dispuesto a seguir con mi rutina de esta época. Y tan lejos, y a la vez tan cerca, nuestras palabras se unieron por primera vez, maravillosamente, instintivamente. Fue el día justo, la hora justa, el minuto justo, el segundo perfecto. El momento en el que mi vida dio un vuelco hacia lo desconocido, hacia lo que habían estado planeando para mí. Qué bien, que me encuentro aquí, sentado, llenándome las manos de suelo, observando cada uno de tus llamativos movimientos, pero es que no puedo evitarlo. Mi cuerpo me lo pide, mi interior me lo pide, mis ojos también lo hacen; toda mi formación lo requiere desde la primera vez que fugazmente nos cruzamos.

Parece ayer cuando de tus labios salieron las palabras justas, en el momento oportuno, cuando me demostraste que la semejanza va más allá de las palabras, aunque unida a sencillez y complejidad. Porque es tan difícil de entender, pero tan fácil de sentir, que, a veces, me quedo mudo. Lo único que sé en esos momentos es que me estás entendiendo todo lo que te digo, aun con la boca sellada.''



¿No es esto más que un recuerdo? O lo que es peor ¿no es esto lo que, de algún modo, todos deseamos sentir? Os voy a contar algo aún más terrorífico: cada vez que os sentís invencibles, hay una etapa de debilidad en la que necesitaréis ser salvados, ser amados, ser la salvación de alguien también. Nos importa demasiado, ¿sabéis? Nos importa demasiado el hecho de que alguien fuese capaz de vivir por nosotros o de incluso morir, y aunque el drama esté demasiado ensalzado, al fin y al cabo, así se siente realmente algo.



sábado, 18 de enero de 2014

Premium (Authentic Czech)

No es demasiado tarde, quizá demasiado pronto. En una mano una botella verdosa, cristalina; en mi garganta la amargura del lúpulo, seguro que te extraña que no sea yo acabando con uno de los miles de frascos que envuelven el tinto color del vino.
Mi pelo huele a humo y a Dolce and Gabbana; no están tan lejos mis noches de incendio.
He estado deambulando por la calle, tarareando: ''frecuenté a la peor calaña de esta sociedad.''
He estado haciendo maniobras funambulistas, equilibrismos en el borde del vacío de mi pecho. Es oscuro, me gusta observarlo, es inmenso y parece absorberlo todo, siempre. Recuerdo cuántas veces he luchado en vano, cuántas veces he remado contracorriente para no ser engullida por el agujero negro. Y es gracioso pensarlo ahora, pero me he rendido a sus redes y no me disgusta. Siento como me abraza y ya no me siento débil sino más fuerte que nunca. Ahora no es doloroso, produce una especie de placer mezclado con coca-cola y mezquindad. 
Me fugo entre los pliegues de sábanas. Me muevo entre sombras de calles frecuentadas. Capturo miradas de gente indeseada y la mejor parte viene cuando no siento nada. Inmortal.
Reboso en los vasos; despierto fantasmas; me resbalo entre los dedos de lo que pudo haber sido y saben que no puede ser.

Sólo puedo ver desde mi ventana la noche eterna y las incesantes luces naranjas como faros de almas perdidas. Y me miran, me miran desde fuera; miran cómo la oscuridad está dentro, tenue, mientras mis movimientos se ven acompasados por un par de acordes simples y una melodía absorta. Y bailo mientras le doy los últimos tragos, y nada me hace sentir más viva, que bailar sola.




viernes, 17 de enero de 2014

Bajo el concepto de ''fue''












































¿Nunca os habéis preguntado cuál es el preciso instante en el que las cosas cambian para siempre? Ese momento del que nadie es consciente pero pasa, siempre pasa, y ya no vuelve a pasar más.